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  fantasia > EpicaEl Camino de Atsu

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se publicó en la web el 09 de Octubre del 2007

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Este extracto es propiedad intelectual de Javier Maldonado, cualquier comentario o sugerencia escribir a: kenshinz@hotmail.com El camino de Atsu El Camino de Atsu es una historia que llevo pensando hace bastante tiempo, y cuenta la historia de Atsu, un joven de 20 años aproximadamente que vive con su abuelo al interior de un bosque. Este le traspasa sus conocimientos de un antiguo arte de combate con bastón, con el cual Atsu es un experto. La historia comienza cuando Atsu ve como su vida da un vuelco en 180° y debe salir por obligación al mundo, emprendiendo su propio camino de crecimiento y autodescubrimiento, viéndose solo en un vasto mundo, lleno de personajes fantásticos y seres peligrosos. Por eso le he llamado el camino de Atsu. La historia aun esta en desarrollo, pero para conocer la opinión de otras personas que como yo disfrutan de la literatura fantástica he decidido subir los dos primeros capítulos que he escrito. Espero criticas, comentarios, etc, y ojalá allá alguno a quien le guste esta historia, y no se preocupen porque estoy dispuesto a responder sus mails. Saludos Capitulo primero: Travesía en el Monte Anoth La luna brillaba solemne en el estrellado cielo nocturno. Daba la impresión que aquella noche estaba mas cerca que nunca de la tierra y su resplandor amarillento daba un aspecto mágico a cada cosa sobre la que su luz se posase. Parecía una noche tranquila, una suave brisa descendía desde la montaña y eventualmente se oía el canto de algún ave nocturna o el pasar veloz de algún roedor o reptil entre la maleza. A lo lejos se oía también el débil murmullo de un arroyo al interior del bosque, y nada mas, la quietud casi se podía acariciar. Sin embargo, una figura humana ascendía hacia la cumbre de la gran montaña y el resplandor de la luna iluminaba su camino casi como si fuera de día. - He sido favorecido por los dioses esta noche- pensó. Su nombre era Atsu. No llevaba una carga demasiado pesada considerando el largo camino que parecía quedarle por delante. Tampoco parecía un viajero común, si es que se le podría llamar de esa manera. No llevaba los implementos básicos como víveres, manto para dormir o ropa de montaña. Mas bien daba la apariencia de ser un ermitaño o algo similar. Sin embargo no parecía tener mas de 20 años y su aspecto no parecía ser el de alguien que llevara demasiado tiempo viviendo a la intemperie. Su semblante era sereno y los rasgos de su rostro eran suaves. Su cabello era muy negro, casi azulado a la luz de la luna y tomado en una cola, sin embargo no parecía ser demasiado largo, no mas abajo de los hombros y el flequillo caía sobre su frente en forma desordenada. De tez blanca, sus ojos eran grandes y negros como la inmensidad de un abismo, y su boca y nariz pequeñas. Parecía medir poco mas de 1, 70 mts. y era bastante delgado. Sus vestimentas eran de un color oscuro como si intentara confundirse con la noche. Llevaba encima una especie de manto café oscuro con capuchón que sin embargo no cubría su cabeza, en lugar de eso traía puesto un sombrero de paja redondo y coniforme, lo cual le daba un aspecto bastante peculiar. Llevaba además un morral cruzado que llegaba a su cintura. No parecía ir armado, tan solo llevaba una pequeña y afilada daga en el cinturón y en su mano derecha un bastón de madera de poco mas de un metro de largo. No parecía llevar apuro, aunque su paso era firme y seguro, y no denotaba signos de agotamiento a pesar de la altura a la que se encontraba y de que la cumbre aun parecía quedar bastante lejos. Además parecía conocer muy bien el lugar por la seguridad con que recorría los intrincados y pedregosos senderos. De repente se detuvo y miro a su alrededor como buscando alguna señal de posible riesgo, sin embargo todo parecía estar sosegado, la suave brisa de la montaña golpeaba en su rostro y solo se oyó el suave canto de una avecilla a lo lejos, además del constante murmullo del arrollo abajo en el bosque. Luego elevo la vista hacia la majestuosa luna y sonrió, sentía que su resplandor lo iluminaba por dentro y lo colmaba de nuevas energías, además la vista que otorgaba era absolutamente maravillosa. - Si mi abuelo solo pudiera ver esto – Pensó para si – Aunque me imagino que debe haber visto esta luna muchas veces antes cuando era mas joven y subía aquí mas seguido, además lo mas probable es que me reprendería por distraerme en estas circunstancias – Luego de un momento dirigió su vista hacia el valle. Desde las alturas de la montaña se podía apreciar el bosque en toda su plenitud y era asombroso, parecía no tener fin. Ocupaba todo lo que la vista podía cubrir, hasta el horizonte y de este lado solo las montañas parecían detener su avance. Los lugareños lo llamaban el bosque de Jinsei, el bosque de la vida, porque en su interior habitaban toda clase de criaturas, muchas de ellas desconocidas. Sus árboles eran mucho mas robustos y altos que los de otras tierras, y ningún hombre se había adentrado demasiado en el, a riesgo de extraviarse, ya que nadie sabía donde estaban los limites de tan colosal lugar de la creación. Talvez estaba desde los inicios de la vida misma. Pero eso no importaba tanto como el hecho de que era un lugar sagrado, lleno de encanto y misticismo. Atsu dirigió su vista hacia una zona menos densa del bosque, bastante alejada de las montañas y de la aldea al pie del Monte Anoth, un área donde ninguno de los lugareños se atrevería a llegar. La sonrisa desapareció de su rostro y pensó que la luna ya no era tan hermosa y brillante como hace algunos minutos. Sus ojos se tornaron tristes y sintió como una extraña fuerza oprimía su pecho, como si le costara respirar. - Hace solo tres días ahí se encontraba mi hogar- murmuró. Entorno la vista y contemplo el estrellado cielo. Un ave cantó a lo lejos y la brisa movió un poco su cabello. Parado ahí, casi parecía una visión sobrenatural, como un espíritu protector de las montañas, con su rostro pálido, mirada profunda y rostro sereno, a pesar de lo abatido que se sentía en ese momento. Mientras observaba el cielo una estrella fugaz paso casi imperceptible, inconscientemente pidió un deseo, pero luego recordó lo que muchas veces le había dicho su abuelo - El único deseo que debes tener es el de no perder nunca tu voluntad ni tu valor. Los deseos y sueños son para los débiles, para aquellos que esperan que otros hagan sus tareas, como los dioses. Tu no debes desear Atsu, debes forjar tu propia vida, no esperes nada de otros, solo de ti mismo, porque tienes la fuerza y la sabiduría para ser un gran hombre.- Sintió con mas fuerza la opresión en su pecho y le costo respirar. Nunca antes se había sentido así, sintió deseos de llorar, pero no lo hizo, nunca lo había hecho y no lo haría ahora. De repente pareció recordar porque se encontraba en ese lugar, ascendiendo por los peligrosos caminos del monte Anoth y miró a sus espaldas, pero no había nada mas que la luz de la luna, los arbustos y las rocas. - Estoy siendo descuidado - pensó - aunque es difícil que alguien me siga a un lugar como este. Tengo la ventaja de conocer muy bien estos caminos y alguien sin experiencia es muy difícil que termine ileso su ascenso- Dio media vuelta y elevó la vista hacia la cima, que aun parecía bastante lejana – Tal vez tarde un día mas en llegar a la cumbre, aunque lo que me preocupa es la ultima etapa del viaje - Luego de un momento reanudo su marcha, pero esta vez parecía mucho mas apremiado, como si escapara de algo o alguien. Continuó ascendiendo bastante rápido y sin detenerse. A veces en las áreas mas empinadas y peligrosas usaba su bastón como punto de apoyo, aunque por lo general le bastaba con sus resistentes piernas, al parecer habituadas a semejante esfuerzo. El monte Anoth era el mas empinado y alto de las tres grandes cumbres, se elevaba mas allá de los 7 mil metros y en los últimos mil se transformaba en una pared rocosa vertical, virtualmente imposible de superar, aunque se supone que el mítico viajero Anoth junto con Adefht y Aburth lograron semejante hazaña. No obstante este no era el único peligro que ostentaba la gran cumbre, ya que el clima hostil y las extremas temperaturas pasados los 5 mil metros hacían muy difícil la supervivencia de cualquier valiente que desafiara su reputación. Ningún habitante de la aldea solía aventurarse tan alto, y solo muy pocos habían logrado llegar ilesos a los 6 mil metros que para efectos prácticos y dada la peligrosidad de los últimos mil, se consideraba suficiente recompensa. Atsu no era la excepción y tampoco había llegado mas allá de los 6 mil metros, aunque su cuerpo ya estaba habituado a semejante travesía debido a que desde niño había aprendido a sortear sus peligros junto a su abuelo, quien le había enseñado todo lo que debía saber sobre la montaña - No temas a las grandes cumbres Atsu, porque estas en uno de los sitios mas maravillosos de la tierra. Pocos hombres pueden apreciarlo pero acá llegaras a sentirte pleno desafiando tus propios temores y debilidades, y una vez llegues a la cima te habrás vencido a ti mismo y ya no serás el de antes, porque te habrás dado cuenta de que la voluntad lo puede todo y que tu verdadero enemigo no es la montaña, si no tus miedos. ¡Enfócate! mantente alerta a cada paso que des, pero no temas Atsu, no temas.- Aunque Atsu, siendo un niño no pudo evitar sentir temor, pero al lado de su abuelo se sentía seguro, y una vez en la cima pudo comprender sus palabras y ante tan maravillosa visión, supo que amaría aquel lugar y ya no sentiría mas temor. Desde entonces muchas veces subió aquellas montañas, y ahora lo hacía una vez mas, aunque sus motivos eran diferentes. Después de unas horas Atsu consideró que ya había ascendido bastante sin descansar y si deseaba llegar con energías a la ultima parte del trayecto debía dormir por lo menos un par de horas. Se detuvo junto a un macizo y solitario árbol al borde de un acantilado, dejó su morral a un lado y luego se quitó el manto café oscuro, enseguida se sacó su sombrero y los dispuso ordenados junto al grueso tronco, quedando su oscuro cabello al descubierto. Ahora que se había liberado de todas esas vestiduras se podía apreciar la delgadez de su figura, aunque se distinguía un cuerpo fuerte y enérgico. En la parte posterior del cinto tenia una abertura para colocar su bastón, sin embargo lo llevaba firmemente en su mano derecha y no parecía desear desprenderse de el. Una vez puesto en orden sus cosas junto al tronco, se apresuro a ascender por este hasta la copa del árbol. En forma ágil saltó de rama en rama hasta llegar a la mas alta. Una vez acomodado y oculto por las hojas del frondoso árbol, Atsu comenzó a explorar el área con la vista, buscando algo fuera de lugar, alguna irregularidad que lo pusiese en alerta, algo que lo advirtiera de que no estaba solo en aquella zona. Sin embargo todo se percibía muy tranquilo y apacible y además el resplandor de la luna hacía muy difícil que alguien se ocultase. Se mantuvo en posición alerta por cerca de 15 minutos mas nada perturbador ocurrió. De un salto descendió a los pies del árbol, tomó sus cosas y volvió a subir ágilmente a la rama mas alta, esta vez acomodándose para dormir. El morral y el sombrero los colgó de una rama vecina, haciendo lo mismo con el manto. En seguida acomodó su espalda en el tronco y el bastón lo descansó en su hombro. No era la primera vez que dormía en lo alto de un árbol por lo que no sentía vértigo ni temor. Por lo general eran suficientemente cómodos para pasar la noche, además de que otorgaban mayor seguridad y protección que hacerlo en el suelo. Muchas criaturas salvajes deambulaban por esas tierras, Atsu había aprendido a estar alerta desde niño, aunque el monte solía ser un poco mas seguro ante un eventual ataque. Por el momento solo le preocupaba pasar desapercibido entre las ramas, y esperaba que sus oscuros ropajes lo ayudasen en esto. Se mantuvo alerta por unos minutos, aunque sin moverse demasiado, para evitar cualquier sonido delator, pero pronto el cansancio acumulado del largo día lo fue venciendo hasta que se quedo profundamente dormido. Capitulo 2: Recuerdos del Bosque: Asesinos de las sombras Hacía tres días que Atsu venia marchando desde su hogar en un claro al interior del bosque de Jinsei, un área menos densa por donde pasaba un arroyo que bajaba desde el monte Anoth, cruzando la aldea e internándose en el bosque avanzando varios kilómetros hasta convertirse en el río Saud, atravesando por las tierras de Yafú, Asderel (la legendaria tierra de los elfos) y Manabu (uno de los pocos reinos sobrevivientes a la gran guerra cientos de años atrás, que aun hoy lucha por mantener su independencia del imperio) hasta desembocar en el gran mar de Uhland al este de Genesar. El abuelo de Atsu, Oko, había construido en ese lugar una pequeña y sencilla choza de madera años atrás y se hizo cargo de Atsu cuando los padres de este desaparecieron misteriosamente a los pocos días de nacer. O al menos eso era lo que el muchacho sabía. De eso ya hacía casi 21 años y desde entonces había estado bajo la tutela de su abuelo, quien le había enseñado todos los secretos para sobrevivir en el bosque, apartado de la aldea, básicamente de la pesca y la recolección de algunos frutos y otras plantas comestibles. Se podría decir que prácticamente llevaban una vida ascética y contemplativa. Eran raras las ocasiones en que visitaban la aldea, y cuando lo hacían era por lo general para conseguir víveres para la temporada invernal, o alguna vestimenta o herramienta extra que les hiciese falta, pero como decía, esto sucedía en contadas ocasiones, y la mayoría de las veces era Atsu quien se encargaba de esto. La forma de intercambio mas usada en la aldea era el trueque, y Atsu acostumbraba a llevar una gran cantidad de pescado al pueblo con este fin. Era un pescador experto, arte que también le había enseñado su abuelo, y era costumbre que cogiera los mejores y mas difíciles ejemplares, por lo que en la aldea siempre era bien recibido. Fuera de esto, Atsu pasaba gran parte de su tiempo al interior del bosque, muchas veces contemplando la apacible belleza de éste, encaramado en lo alto de un árbol tocando suaves melodías con su flauta de bambú, algo que lo relajaba y hacía sentir sereno. Desde niño la había aprendido a tocar, cuando su abuelo la hizo con una vara de bambú que trajo del noroeste del bosque, en las lejanas y exóticas tierras de Yueh, hogar de las míticas Ahharu, horrendas criaturas de forma humana, que según la leyenda vivían en las zonas mas oscuras y espesas del bosque, alimentándose de la sangre de cualquier ser vivo que arriesgara cruzar por ahí. Claro que para Atsu esto no era mas que un cuento para asustar a los niños para no adentrarse en el bosque. Lo que si lo había preocupado era la repentina partida de su abuelo. - A buen paso, es probable que tarde un poco mas de una semana en resolver este asunto Atsu. Tienes suficientes víveres para sobrevivir sin problemas un mes, aunque espero estar mucho antes de eso de vuelta. Eres un muchacho fuerte e inteligente, asi que estarás bien. Además ya tienes 11 años, asi que no me mires con esa cara, yo me las tuve que arreglar solo siendo mucho menor...¡vamos! que no me pasara nada, ya veras – Y claro que no le pasó nada, pero Atsu nunca pudo entender porque su abuelo tuvo que viajar a una tierra tan lejana de forma tan inesperada. Solo una cosa le advirtió aquella vez: - Mantente alerta ante la presencia de desconocidos, si vez aproximarse a alguien extraño, ocúltate en el interior del bosque, no te preocupes por la cabaña, si no regreso en la fecha indicada, alguien vendrá por ti, llegado el momento lo reconocerás, pero por ahora no confíes en nadie ¿entendido? – Por suerte su abuelo regresó a tiempo y nada extraño ocurrió. Fue entonces cuando trajo la vara de bambú que usó para hacer la flauta de Atsu – Es un bello instrumento, claro que deberás aprender a sacarle melodías tu mismo porque yo nunca he sido muy bueno en esto – Y Atsu aprendió rápido. Pronto hizo las noches junto al fogón mucho mas amenas, tomando prestados los sonidos del viento pasando entre los árboles, el constante fluir del arroyo, el canto de los pájaros, y asi cada sonido del bosque lo hizo una bella y suave melodía. A veces dedicaba su música a la luna, sentado en la rama mas alta del árbol mas elevado, y otras tomaba su inspiración de las cálidas tardes de primavera. Aún en los glaciales inviernos de Jinsei, Atsu salía a recorrer los bosques con su flauta, buscando la inspiración en los nevados suelos, las blancas copas de los árboles o los frágiles copos de nieve. Pero esto no fue lo único que aprendió Atsu de su abuelo, ya que también le fue transmitido un antiguo arte de Jinsei, uno que ahora pocos hombres en la aldea conocían y en el que Oko era un maestro: el ancestral arte del bastón Koji. Consistía en una depurada y elegante técnica de combate con bastón, que era capaz de rivalizar con cualquier técnica de espada, mazo o hacha. Esto porque los bastones no eran hechos con madera común, sino que eran confeccionados con las poderosas ramas de los Koji, un árbol poco usual que solo crece en el bosque de Jinsei, muy en el interior, cuya madera es extremadamente resistente, casi imposible de dañar. Por esto es que los bastones solo se podían obtener de las ramas, que eran mas fáciles de conseguir. Para esto debían exponer a altas temperaturas los filos de los sables y hachas que serian usados, para luego proceder a seccionar lentamente aquella que se hubiese escogido. Aun con estas técnicas, se podía estar mas de dos horas cortando una rama, la que luego volvía a ser cortada hasta obtener el largo adecuado de un bastón Koji, aproximadamente 1, 10 mts. Oko nunca le dijo a Atsu quien fue su maestro, pero se aseguró de que éste dominase el arte en su totalidad. Y Atsu alcanzó tal destreza que era capaz de rivalizar con la habilidad de su abuelo, y aun mas, ya que dada la juventud de sus extremidades, ejecutaba los movimientos con una velocidad prodigiosa, como si fuera la reencarnación de algún Dios guerrero. Y Oko se sintió satisfecho de su discípulo. El arte del bastón Koji surgió de la naturaleza pacifica de los habitantes de Jinsei, quienes como simples descendientes de agricultores no sabían nada del manejo de armas y tampoco lo necesitaban. Habían encontrado el sitio ideal para vivir sosegadamente, la guerra estaba lejos y ya no serian perturbados. Habían llegado a estas tierras bordeando el gran bosque, temerosos de adentrarse demasiado en el y caer víctimas de las míticas criaturas que según las leyendas ahí habitaban. Sin embargo Jahú, uno de los lideres desafió los temores de todos y se internó en el bosque con la esperanza de encontrar un nuevo hogar, oculto tras su halo de misterio y leyenda. Al poco andar se sintió perdido, y temeroso de los peligros del bosque se arrodillo a orar a su Dios, Teoth. Según los cuentos de Jinsei, en ese momento se hizo presente Itsú, el espíritu protector de estas tierras, señor de los bosques. Había tomado la forma humana de un noble guerrero de negros cabellos, y en su mano llevaba un bastón de madera. Sorprendido, Jahú sintió temor ante este desconocido y le dio a entender que era solo un simple agricultor escapando de la guerra, en busca de un nuevo hogar. - No temas Jahú – dijo serenamente Itsú – No he venido a dañarte a ti o a tu gente, por el contrario. Veo que vuestros corazones son puros y respetuosos de lo que la naturaleza os a entregado, por esto es que voy a guiarlos a una tierra oculta, muy al interior del gran bosque, donde podrán vivir en paz – y asi, Itsú los guió a la oculta tierra de Jinsei, al pie de las tres grandes cumbres y les enseñó los secretos del bosque, los frutos comestibles, las hierbas con propiedades medicas, les enseño a guiarse por las estrellas y sobre todo, a proteger Jinsei y a si mismos. Les enseño a respetar el equilibrio que debe mantener la naturaleza, que cada forma de vida es importante en si misma y que ningún hombre o criatura debe sentirse con el poder de dominar a otros o de utilizar lo que los dioses les han regalado, para su propio beneficio - La Tierra es de todas las criaturas, incluso la hormiga mas pequeña y débil tiene el derecho a beneficiarse positivamente de lo que le rodea, y que le pueda ser de provecho en su condición de hormiga. Cada árbol, cada flor, cada hierba que crece en la tierra busca alcanzar los rayos del sol y beneficiarse de ellos, pero no buscan apropiarse de este. Asi como un lobo caza y da muerte a un ciervo, pero no se siente dueño de ese ciervo. Y asi como un hombre utiliza la madera de un árbol para construir su hogar, pero no toma dominio de un bosque para alcanzar un beneficio mayor. El árbol fue creado para vivir y dar vida, y asi cada criatura existe para alcanzar la vida y también para darla a otros. Así si un hombre muere, dará vida a otras criaturas que sabrán beneficiarse de su cuerpo y asi mismo otorgaran vida a otras criaturas, y asi se dará el ciclo por siempre. Entonces les enseño a defenderse sin tener que matar, sin usar armas cortantes o punzantes, sin quitar la vida a otros. Porque la verdadera sabiduría consistía en saber respetar toda vida e Itsú la valoraba profundamente. Así, los habitantes de Jinsei aprendieron el antiguo arte del bastón Koji nada menos que del mismo señor de los bosques, a quien también llamaron el guerrero sabio. Y el arte fue traspasado durante generaciones, y a los maestros se les llamo los guerreros Koji, sabios y poderosos protectores de Jinsei. Pasado el tiempo, los ecos de guerra volvieron a surgir. Desde el norte venía el rumor de que el imperio de Akharoth desplegaba sus legiones hacia los dominios de Manabu, uno de los últimos grandes reinos. Si Manabu caía, solo sería cuestión de tiempo antes de que la guerra llegara a la lejana Jinsei. Itsú no podía intervenir en los asuntos de los hombres, pero permitió que los guerreros Koji fueran a unirse a la batalla. Ningún maestro quedó en la aldea. La 2° gran guerra duró mas de 20 años y diversos pueblos acudieron a socorrer a Manabu, y el ultimo gran reino no cayó por segunda vez. Pero ningún guerrero volvió a Jinsei e Itsú no volvió a aparecer después que los primeros maestros partieron. Así, para cuando Atsu había nacido, los guerreros Koji solo eran un recuerdo en Jinsei y con el tiempo su arte fue olvidado y contado solo en cuentos y leyendas. Aunque Oko era un maestro, nadie en el pueblo lo sabia ni parecía conocerlo mas allá de cómo el viejo ermitaño del bosque. Solo Atsu sabía de la habilidad de su abuelo, aunque nunca se había atrevido a preguntar donde había aprendido el arte de los guerreros Koji. Con el paso del tiempo Atsu también llegó a ser un maestro, a pesar de su juventud. Daba la impresión que Oko deseaba que dominara el arte en su totalidad en mucho menos tiempo y eso incluía aprender el código de los guerreros Koji, entregado por Itsú a los primeros maestros hace cientos de años. - Abuelo, si según el código debemos respetar toda vida, ¿Eso incluye a los hombres que quieran hacernos daño a nosotros o a alguien que amamos? - El arte de combate con el bastón Koji consiste en defenderte sin dañar severamente a tu rival. El bastón es simbólico, representa la nobleza de la naturaleza por sobre la violencia de las espadas y otras armas asesinas. Siendo un guerrero Koji tendrás la fuerza para vencer a cualquiera, sin embargo debes aprender a controlar tu poderío pues aun con un bastón puedes causar la muerte. - Pero ¿qué debo hacer en una situación donde realmente peligre mi vida o la de otro? ¿qué ocurriría si no me basta con dañar a mi rival o si estoy ante mas de un enemigo? - Lo que te diré ahora no aparece en el código, pero debes recordar que un maestro Koji no puede permitirse perder ante nadie, pues con tu fuerza estas protegiendo la vida, y si eres derrotado, nadie mas la protegerá. Un combate no debe proceder de la ira, ambición, orgullo o venganza. Sin embargo este mundo esta lleno de hombres violentos, egoístas y codiciosos. A veces no te será posible eludir un combate, y cuando este sea inevitable debes recordar que la victoria inmediata siempre será tu principal objetivo, no importa la situación. No puedo decirte si debes matar o no a alguien, ya que eso dependerá de ti, y solo de ti y de la situación en que te encuentres. Pero como maestro Koji muchas veces te veras ante difíciles decisiones, si eres sabio siempre encontraras una respuesta. Las palabras de Oko calaron hondo en el joven aprendiz, quien se esforzó por llegar a ser un guerrero sabio y diestro en el combate, tal como Itsú, el señor de los bosques de quien su abuelo le hablaba a veces. Sin embargo Atsu nunca tuvo que usar sus habilidades en un combate real, y creció pacíficamente junto a su abuelo en el claro del bosque. Pero hace tres días la desgracia cayo sobre ambos. Aquella mañana, Atsu debió viajar a la aldea en busca de algunas provisiones, lo que normalmente le tomaba unas tres horas de trayecto y otras tres de vuelta. Partió cerca de las seis para estar temprano de regreso. Llevaba consigo unos kilos de pescado, su morral con una merienda y por supuesto su bastón Koji. Por lo general el camino era tranquilo, de vez en cuando divisaba uno que otro ciervo, o algún otro animal local, pero usualmente el bosque de Jinsei era un lugar muy silencioso y sosegado. Por su parte, Oko (quien ya no se sentía tan joven para hacer esos viajes) se quedó meditando cerca del arroyo, lo cual lo relajaba y ayudaba a concentrarse. Estuvo así, impasible, por cerca de dos horas, cuando de improviso algo interrumpió su estado y lo volvió a la realidad. Aguzó el oído, sin moverse y sintió que algo venía del bosque, de manera sigilosa y casi inaudible. Sin embargo sus entrenadas facultades sensitivas de maestro Koji no pasaron por alto las leves señales y se mantuvo alerta. Al parecer era mas de un sujeto, o ser. No podía discernir que era lo que se acercaba, pero súbitamente perdió toda señal de movimiento. Enfocó aun mas sus sentidos, pero nada parecía moverse ahora. Conservó su posición y concentración, reguló su respiración y pulsaciones tratando de disminuir los factores distractores. De improviso y raudamente tomó su bastón que permanecía a un costado, pero ya era tarde. Tres desconocidos lo rodeaban a escasos 5 metros de distancia. Oko se puso de pie lentamente con el bastón firme en su mano derecha. No dijo una palabra, solo se quedo inmóvil, estudiando a los forasteros y sopesando su actual situación. Su rostro no indicaba ninguna emoción o actitud de desconcierto. Hacía años que había aprendido a expulsar el miedo de su corazón, y ahora no era diferente. Los tres extraños también estaban inmóviles y vigilaban cada aspecto de Oko. Sus vestimentas eran completamente negras. Cubrían sus rostros con unas inexpresivas mascaras oscuras que apenas dejaban ver sus ojos. Sobre sus cabezas llevaban unas capuchas que ocultaban todo su cabello y que también cubrían su cuello. En las manos llevaban guantes negros y en el cinto (también negro) colgaban afiladas dagas enfundadas. A sus espaldas cada uno traía un largo y delgado sable en funda negra, cuyo mango sobresalía sobre los hombros. Uno de ellos, que se encontraba a espaldas de Oko, traía además un látigo al costado, mientras que otro, a la derecha de este, llevaba dos varas de hierro de unos ochenta cts. cada una. El tercero, frente a Oko, no parecía tener armas extra, pero su mirada era la mas penetrante y agresiva. Parecía que en cualquier momento se arrojaría violentamente contra este. Mas no movió un músculo, solo mantuvo la aguda mirada. A pesar de llevar oculto su rostro, se podía percibir la violencia reprimida. Todo en el expelía a agresión e impulsividad. Oko dirigió su mirada a el por unos segundos, sin descuidar a los otros dos, y lo examinó. No parecía conocerlo aunque por sus atuendos y postura sabía perfectamente cuales eran sus intenciones. Finalmente habló. - Asesinos de las sombras ¿no es asi? Conozco perfectamente a los de su clase. Al que se encontraba frente a el pareció hacerle gracia su comentario porque soltó una leve risotada. - Nadie que se vea enfrentado a nosotros alcanza a conocernos lo suficiente – Su voz era oscura y rasposa, como si apenas filtrara el aire por su garganta. - ¿Debo preguntar a que han venido? – Volvió a decir Oko. - Simplemente hemos venido a hacer una limpieza. ¿Te basta con eso Anciano? - ¿Tres asesinos para acabar con un viejo? Aquel que los envió parece estar botando su oro - El oscuro guerrero siseo amenazantemente. - No te interesa saber quien nos envió anciano, por lo demás, estamos al corriente de las habilidades tuyas y de tu nieto – Las ultimas palabras del asesino fueron como un balde de agua helada para Oko, sin embargo se mantuvo sereno y volvió a preguntar. - ¿Mi nieto? ¿Qué sabes tu...? – No alcanzó a terminar la pregunta. Fue interrumpido antes de eso. - Sabemos lo suficiente anciano. Los guerreros Koji dejaron su huella en la ultima guerra. Y por si deseas saberlo, no somos tres asesinos, somos cinco. Dos de nosotros están esperando a tu querido muchacho cerca de la aldea. Esperemos que lo hayas estrenado bien – Oko sonrió ampliamente. - ¿Que es lo gracioso anciano? – Preguntó impaciente el desconocido. - Si estuvieran bien informados, habrían enviado mas hombres tras Atsu. Es probable que sea el joven mas bondadoso de esta tierra, pero su bondad solo es superada por su habilidad en combate. No temo por Atsu, mas tu deberías temer por tus hombres. El asesino observo intensamente a Oko, como sopesando lo que acababa de decir. Según su información se encontraría con un maestro y su alumno, no con dos maestros altamente preparados. Si lo que decía el anciano era verdad, existía la posibilidad de que sus dos asesinos fueran derrotados, y eso destrozaría sus planes. Finalmente volvió a hablar. - Si lo que dices es cierto, entonces debemos acabar rápido contigo para dar alcance a tu nieto lo mas pronto posible. Por muy hábil que sea, no hay guerrero que salga vivo en un combate con cinco de nosotros – Dicho esto su mirada se volvió mas violenta e intensa como si estuviera calculando sus posibilidades frente al anciano maestro antes de acometer contra el. Después de todo tenía conciencia de lo que habían llegado a significar en el pasado los Guerreros Koji, cuando participaron en la segunda gran guerra, sin embargo nunca se había enfrentado a uno ya que supuestamente los últimos murieron defendiendo el reino de Manabu. Sin embargo muchas cosas se decían de ellos, como que no eran humanos, sino seeres, espíritus de la naturaleza con forma de hombres que habían decidido intervenir en los asuntos de estos. O que 10 de ellos eran capaces de hacer frente a todo un batallón. O que incluso los mas ancianos poseían una fuerza superior a la del guerrero mas fuerte y joven. Sin embargo, para el, todas estas no eran mas que historias que inventaban trovadores que jamás presenciaron la Guerra, y que los demás tomaron como verdades. El oscuro asesino confiaba plenamente en sus habilidades y años de entrenamiento. El anciano yacería sin vida en unos segundos.


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