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  ficcion > Ciencia FicciónEl Accidente

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se publicó en la web el 01 de Junio del 2007

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

EL ACCIDENTE La sensación era extraña. La podía soportar pero le inquietaba no encontrar una explicación. Todo había comenzado hace algunos minutos cuando conducía su automóvil de regreso a casa luego de otra monótona jornada de trabajo. Inesperadamente y por una décima de segundo el mundo exterior se oscureció y los sonidos desaparecieron. El incidente fue tan rápido que no perdió el control del vehículo. Ahora conducía con aparente normalidad pero sabia que algo no andaba bien. Las imágenes de los autos que tenia adelante a veces parecían querer esfumarse y el ruido del transito lo escuchaba lejano y confuso. El estomago le hormigueaba y las palmas de las manos estaban sudorosas pues temía que en cualquier momento el hecho se repitiera y se produjese un accidente. Pensó que era mejor ubicar un lugar para estacionarse y esperar a sentirse mejor. Miro por el espejo retrovisor y se percato que le iba a ser difícil maniobrar en esas circunstanciadas para llegar al borde de la autopista. Sin embargo comenzó a aminorar la marcha y encendió la señal izquierda. Hizo un esfuerzo para mantener la tranquilidad pese a que los automóviles que lo rodeaban parecían ahora desvanecerse con mayor intensidad. Giró el volante para cambiarse de senda y en ese instante sobrevino el golpe. Un ruido de metal le invadió el cerebro y luego sobrevino la nada. Abrió los ojos pues nítidamente escuchó el cercano ulular de una sirena. Varios rostros le miraban con curiosidad desde arriba, por lo que concluyó que se encontraba en el suelo. ¿Por que lo habían retirado de su automóvil? La pregunta se la hizo con cierto enojo, pues seguramente lo habían removido manos inexpertas y presurosas que le pudieron haber hecho daños innecesarios. Se tranquilizo pues no sentía ningún dolor y todo parecía normal. Escucho murmullos y pasos rápidos, por lo que la atención medica ya estaba allí y la sirena que escuchó seguramente provenía de una ambulancia que venía en su auxilio. Trató de mirar hacia el costado para observar como había quedado su coche pero sus orbitas no respondieron por lo que prosiguió mirando recto hacia arriba, donde ahora los rostros se apartaban para dar paso a los de quienes habían llegado. Esperó ver un medico que le preguntara como se sentía, pero solo observó dos nuevas caras, algo indiferentes que le observaban sin expresar sentimientos. De pronto una mano se posó en su rostro e intento cerrarle los ojos con fuerza causándole cierto dolor. Quiso protestar pero sus mandíbulas, su lengua, sus cuerdas vocales no le obedecieron. Pensó que pese a que no sentía dolor ni malestares, el choque había sido más grande de lo que imaginaba y estaba afectado por una parálisis temporal, como parte del shock. No me vendrá mal una temporaria estadía en un hospital, así podré saber que me causó el desmayo, especuló mientras sentía que comenzaban a manipular con su cuerpo. Le pusieron una dura tela por debajo y comenzaron rápidamente a cubrirlo, mientras en voz alta (demasiado alta) gritaban a los curiosos que se retiraran. Sin poder creerlo oyó el ruido de una cremallera, algo plástico y frío cubrió su rostro y de nuevo lo invadió la oscuridad, pero esta vez matizadas por ruidos, voces y el rugido de los autos que continuaban pasando por la autopista. ¡Hey que hacen, no me dejan respirar, no me tapen el rostro!, gritó desesperadamente. O mejor dicho, quiso gritar, pues ningún sonido salió de su paralizada garganta. Los pensamientos se le agolpaban en la mente sin encontrar salida, mientras sentía sin poder ver, como manos firmes lo izaban hasta una dura camilla que ruidosamente lo condujo hasta un vehículo que no tardo en partir velozmente. Dando tumbos, encontró sin embargo algunos minutos para rehacer los sucesos. Sobreponiéndose al miedo pudo comenzar a razonar. Yo me siento bien. No puedo moverme pero respiro. No siento dolores. Brazos y piernas parecen estar en su lugar. Concluyo que no estoy grave o por lo menos podría estar peor y sufriendo. Bueno todo se va a aclarar cuando llegue al hospital, me estudien y pueda ver a mi familia... ¿Hospital?. ¿Desde cuando llevan aun paciente al hospital envuelto en algo frío y plástico, sin ninguna asistencia ni palabra de aliento? Un frío, amenazante y terrorífico pensamiento comenzó poco a poco a invadir su cerebro. Lo desechó de inmediato. Él era una persona racional. Trabajaba toda la semana sus ocho horas como eficiente y anónimo contador en una cadena de tiendas de ropa deportiva. Tenia su esposa, Graciela, maestra de pre-escolares y su hija Rafaela una entusiasta estudiante con sueños de artista. Compartía con su mujer el gusto por el buen comer, la vida saludable y una buena película vista el sábado en casa junto a amigos. Por lo tanto, pensaba, nada extraño ni perturbador podía pasar en su vida. Sin embargo la oscura idea seguía rondando por su mente. ¿Acaso esto será la muerte? Si es así, yo estaba en el suelo porque ya me habían atendido los médicos y lo que me envuelve es nada mas ni nada menos que un saco de plástico. Soy un frío y paralizado cadáver, nada mas que eso. En su mente y no en su rostro se dibujó una sonrisa. Eso era imposible. Estaba desvariando como consecuencia del choque. Ya todo se va a solucionar, se dijo con un optimismo que realmente no sentía. La realidad le cayó encima como un rayo. El vehículo se detuvo y no hubo hospital. Solo un desprolijo traslado por corredores con sonidos de puertas que se abrían y cerraban. Un rápido intercambio de palabras entre personas que no podía ver, el rasgado de una pluma sobre un papel y luego el ultimo abrir y cerrar de una puerta metálica. A partir de ese momento solo silencio, oscuridad, frío y desesperación. ¿Dónde estoy? Aquí todo parece ser frío y metálico. No hay gente a mi alrededor. Estoy abandonado. ¿Qué es esto? Un grito desgarrador se formo en su interior y allí quedó sin poder concretarse en los músculos sin respuesta. Los minutos pasaron, la respiración comenzó a normalizarse y sus pensamientos (los únicos acompañantes que había tenido en las ultimas horas) se fueron ordenando. Alejandro, si estas muerto estas muerto. Tarde o temprano sucede. Una lagrima quiso formarse en sus ojos y no pudo. No soporto la idea de faltar en mi familia. ¿Qué pasara con Graciela? ¿Que hará mi hija? Mi madre va a pensar que todo esto fue consecuencia de mi eterna distracción. Esto es injusto aun me faltaba mucho por hacer y de pronto todo se termina. En realidad no tanto, yo sigo pensando, sintiendo, escuchando, oliendo y en realidad estoy percibiendo que comienzan a aparecer síntomas de hambre pues estoy en la hora de la cena. La muerte no es tan horrible. Hasta voy a poder ver quienes son los que realmente lloran en mi velorio. Una sonrisa intento nuevamente en vano formarse en su rostro. Alejandro comenzó a tranquilizarse. Solo sentía una gran curiosidad e intentaba buscar respuestas inaccesibles a eternas preguntas, mientras las horas transcurrían lentamente en el silencio total que lo rodeaba, poco a poco el sueno lo invadió. Durmió casi en paz. En paz pues no podía saber que le había ocurrido. En realidad aun nadie sabía del nuevo y terrible virus que había comenzado a afectar a cientos de personas en el mundo, aun sin ser detectado por los científicos. El virus (todavía sin nombre) afectaba directamente a las neuronas cerebrales, manteniéndolas incomunicadas con el exterior. Eran capaces de hacer sentir al cuerpo humano, calor, frío, dolor y sentimientos, pero no tenían capacidad de hacerlo reaccionar. La nueva enfermedad recién comenzaba y actuaba aun en el anonimato, dando síntomas de muerte cerebral en cuerpos vivos. Un sollozo lo despertó. Instintivamente quiso abrir los ojos, pues reconoció el llanto de su hija y las palabras quebradas de Graciela. El sonido venia desde afuera, él seguía dentro del cubículo de metal. En un desesperado intento de calmarse pensó que esto recién comenzaba, estaba sintiendo el mismo dolor en la espalda que lo preocupaba cada vez que despertaba en la mañana. Todo sigue casi igual, se dijo. Ahora podré ver a mi familia en el velorio y veremos que pasa después. ¿Velorio? Nada de velorios en mi muerte, había sostenido desde su juventud. Incluso no hacia mucho tiempo había firmado un documento con su amigo, Roberto el abogado, en el que autorizaba su cremación y el esparcir sus cenizas en la playa. El recuerdo le vino nítido. Un grito de terror se ahogo en su garganta, mientras un seco ruido metálico señaló la apertura de la compuerta donde se veían avanzar las rugientes y sofocantes llamas.


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