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  fantasia > RolDoomesday

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se publicó en la web el 12 de Febrero del 2007

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  Categoría: fantasia > Rol
  Titulo:

Prólogo La colina oscura sobre la que reposaba ahora el ejército Oscuro había sido testigo de incontables batallas a lo largo del tiempo, pero nunca una tan determinante como la que iba a presenciar hoy. Los Oscuros, ataviados con sus armaduras de batalla, negras y frías, resplandeciendo con la tenue luz del día nublado que empezaba. Sus espadas de hierro oscuro sedientas de sangre descansaban en sus vainas, y los rostros de sus portadores, ocultos bajo la sombra que les ofrecían las viseras de los yelmos adornados con cuernos y alas de demonios, sonreían mientras contemplaban a sus enemigos, un gran ejército de hombres que esperaba al otro lado del campo descendente que los separaba. Los hombres, grandes y corpulentos, cubiertos con resplandecientes armaduras doradas y plateadas que destellaban, observaban al ejército apostado en lo alto de la colina. Observaban su quietud, su seguridad, su tranquilidad, y los observaban con temor. Altos y espigados como un árbol seco, sus enemigos oscuros parecían de otro mundo, de donde sin duda era el que los guiaba a la batalla. Un enorme ser cubierto de pelo corto negro, con unos cuernos cortos y curvos hacia su rostro, un rostro deformado y huesudo, demasiado delgado y pequeño para el enorme cuerpo que poseía. Debía de pesar unos cuatrocientos kilos e iba a lomos de una bestia no menos impresionante que él. Era un carnero gigante, también de pelo lacio negro y esta vez largo, con las patas mas largas de lo normal. Éste debía de pesar por lo menos dos toneladas y media, y su cabeza se alzaba a mas de cuatro metros del suelo. Estaba cubierto con una armadura pesada negra hecha a medida, tan grande y pesada que ningún hombre podría levantarla un milímetro del suelo. Se paseaba contemplativo encima de su bestia, mirando despreciativamente a los hombres. Los negociadores del rey de los hombres avanzaron hacia la colina, despacio, muertos de miedo. Debían hablar con el general e informarle de la oferta de rendición y de sus condiciones, pero a cada paso que daban estaban mas seguros de que simplemente iban a ser los primeros en caer en batalla. Y así fue. Cuando estaban a mitad de camino, los hombres delgados y con las barbas recortadas, se cubrieron los oídos con las manos al oír el clamor del ejército Oscuro. Era como un zumbido grave que parecía surgir al unísono de todas las gargantas de los guerreros, era en realidad como si un espíritu gigante, mucho más grande que el carnero, gritara por encima de sus cabezas. El zumbido recorrió la tierra de nadie e inundó al ejército de los hombres, haciendo que la mayoría se tapara los oídos, aunque lo hacían en vano, ya que el sonido les penetraba hasta los huesos. Al instante, los negociadores notaron como les atravesaban de adelante a atrás con flechas, tan fuertemente lanzadas que les salieron completamente por la espalda para clavarse en el suelo gris cubiertas de entrañas y sangre. Los Oscuros empezaron a correr colina abajo velozmente, espoleados solo por la sed de sangre. Cuando la vanguardia del ejército Oscuro arrolló a los negociadores y a sus caballos, pudieron ver unos instantes a la horrible criatura que los lideraba, y murieron antes incluso de caer al suelo decapitados ya que su corazón no soportó semejante imagen. El campo de batalla era un mar rugiente de guerreros en el que millares de armas, largas y afiladas, cortas y arrolladoras, cubiertas de polvo y sangre, emergían y se volvían a sumergir con violencia para caer encima de algún enemigo, robándole la vida y acercando mas a su ejército a la victoria. Chorros de sangre salpicaban las armaduras de los combatientes que daban golpes a diestros y siniestro, aunque esta no era una batalla normal, la diferencia estribaba en que la única sangre que corría por el suelo y empapaba a los guerreros era la del ejército de las tierras nevadas, los Arcoligero, ya que los integrantes del otro ejército, los Doomesday, no sangraban. Cuando un Arcoligero atravesaba el torso de uno de ellos, lo único que manaba de la herida era polvo, polvo y ceniza, y lo último que veía el desdichado era como el ser que tenía enfrente, flaco y alto cual árbol seco, alzaba su espada oscura como el mismo miedo y la descargaba contra él. Luego la oscuridad. El ejército de los condenados, así habían denominado muchas veces a los Doomesday, un ejército oscuro que nunca salía de sus tierras, hasta hoy. Los guerreros que lo formaban eran proscritos, asesinos, violadores, ladrones y… muertos. Los primeros, como es obvio, no tenían ninguna ventaja en combate respecto a sus enemigos, salvo la falta de sentimientos y la locura en sus cerebros, pero los muertos eran ya otro menester. Nadie sabe como el gran deforme astado, el que acaudillaba a los Doomesday, había conseguido a tan formidable y temible tropa para su ejército. Los muertos nunca se cansaban, tenían una fuerza sobrehumana, eran inteligentes y rápidos, y hacía falta que los desmembraran completamente para que dejaran de blandir sus cuchillas negras humeantes. Nada mas presentarse en el campo de batalla sus enemigos empezaban a temer, por muy valientes que fueran, y muchos corrían a refugiarse. La moral de los enemigos bajaba visiblemente al oír los bramidos graves de los muertos, que parecían hacerles temblar los huesos y se comentaba que conocían hechizos y dominaban las artes oscuras. Y así sigue...


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