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  eroticos > LesbianasDIANA

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se publicó en la web el 12 de Diciembre del 2006

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  Categoría: eroticos > Lesbianas
  Titulo:

Era la noche de Halloween. Como todos los años, Diana deseaba hacer algo atrevido. Normalmente, solíamos colarnos en el cementerio, un lugar que ya era bastante tétrico por el día. A mí me aterraba ir allí, pero a ella le excitaba. Nunca parecía tener miedo de nada y siempre buscaba nuevas experiencias. Yo me sentía segura con ella. A pesar de mi miedo, siempre accedía a acompañarla porque sabía que ella me protegería. Aquel año, cuando las dos teníamos quince años, habíamos pensado ir de nuevo al cementerio. Sin embargo, ella ya estaba aburrida de él y me propuso algo más interesante. Cuando me lo contó creí que iba a desmallarme. En la pequeña ciudad donde vivíamos había una casa tan grande como vieja y antigua. Era como esas mansiones de la películas de terror. Pero, lo peor de todo, era la leyenda urbana que circulaba en torno a ella. Según contaban, la gente que vivía allí había sido brutalmente asesinada y nunca se supo quién era el culpable. No se sabía seguro si aquello era cierto, pero nadie se acercaba allí y la casa llevaba décadas abandonadas, lo que acrecentaba las creencias. Yo me moría de miedo solo con pensar en ir allí, especialmente de noche. Pero Diana logró convencerme. Como siempre, me dijo que no tubiera miedo, que me protegería si pasara algo. Para que me sintiera mas segura, dijo que se llevaría el explay de pimiena anti-violadores de su hermana Raquel, que era tres años mayor que ella. Aquella noche vino a mi casa a buscarme. Yo me arreglé bien porque tenía que decirle a mis padres que íbamos a una fiesta. Me puse mis ajustados pantalones blancos y una camisa del mismo color que transparentaba un poco. Para no tener frío, me puse encima mi chaqueta rosa. El timbre sonó y fui coriendo a abrir. Ella estaba en en umbral sonriente. Llevaba puestos unos ajustaros vaqueros de color negro y una ajustada blusa de color rojo bastante escotada. También se había recogido sus dorados cabellos, que le llegaban a los hombros, en una cola de caballo. - ¿Lista, Lena? -me peguntó. - Lista -respondí tras pensarlo unos segundos. Fuimos directamente a la casa. Las calles estaban totalmente desiertas, aunque, del interior de varias casas salía ruido de jaleo proveniente de las fiestas que los chicos de instituto se montaban en sus casa. Ella y yo habíamos habíamos ido a unas cuantas, pero a Diana le interesaban poco. Su pasión eran las aventuras como la que íbamos a pasar aquella noche. El lugar daba miedo solo con verlo por fuera. Tras comprobar que no había moros en la costa, nos colamos por una ventana rota. Si la casa daba miedo por fuera, por dentro aterraba. Era como en las películas, todo lleno de polvo y telarañas y los muebles cubiertos por sábanas. Las dos recorrimos el lugar viendo todas las habitaciones. Yo, aterrada, me agarré del brazo de mi amiga. Sentirla cerca me reconfortaba. Subimos al piso de arriba por unas viejas escaleras que crugían. De entre todas las habitaciones, nos fijamos mucho en una que tenía una enorme cama. Aquel debía ser el dormitorio principal. Junto a la cama había un viejo armario de cual surgió un ruido que me hizo temblar las piernas. Diana también lo sintió. Sacó el explay y fue cuidadósamente hacia él. - ¡Diana! -dije asustada -¿Que haces? ¡Vamonos! Pero ella no me hizo caso. Abrió la puerta y, derrepente, varios murciélagos salieron de él y coemenzaron a sobrevolar toda la habitación hasta que salieron por un agujero de la pared. Aquello duró unos segundo, pero el impacto fue tremendo. Totalmente aterrada, me puse a gritar istérica. Diana corrió a abrazarme y a consolarme. De nuevo sentirla cerca me reconfortó. Más tranquila, la miré con ojos húmedos. A pesar de los sucedido, ella estaba tranquila y me miraba con una cálida sonrrisa. Entonces ocurrió. No sé como, pero mis labios acabaron juntándose con los suyos en un cálido y apasionado beso. Me abracé más fuerte a ella y sentí sus manos acariciando mi espalada y mi nuca. Cada vez más excitada, cerré los ojos y me abandoné por completo en sus brazos. Sentí como me llevaba hasta la cama y me tendía suávemente sobre el colchón. Noté sus manos acariciándome y sus labios de nuevo sobre los míos. Abrí los ojos y ví de nuevo su bello y sonriente rostro. Se había soltado la cola de caballo y sus dorados cabellos caían sobre su rostro. Me incorporé y ambas nos arrodillamos en el centro de la cama la una frente a la otra. Lentamente, ella me quitó la chaqueta y, uno a uno, fue desabrochando los botones de mi camisa hasta dejar mi busto al descubierto. Excitada, ella se quitó la blusa. No llevaba sujetador y sus dos hermosos pechos quedaron al aire. Sus fuertes manos agarraron mis frágiles muñecas y posaron mis manos sobre ellos. Tímidamente, comencé a acariciarlos mientras ella, excitada, se mordía al labio gozosa. Volvimos a besarnos y ella terminó de desnudarme y, de nuevo, me tendió suavemente sobre el colchón boca arriba mientras ella se colaba encima y me aprisionaba las caderas con sus fuertes piernas y sujetaba mis muñecas con sus manos. Juguetona, volvió a besarme y a recorrer mi cuello y mi busto con su boca y su lengua. Me soltó las muñecas y comencé a cariciarla mientras ellas seguía devorándome. Se levantó un poco para terminar de desnudarse y volvió a caer sobre mí. Sus manos y su lengua recorieron todo micuerpo, comenzó lentamente por mis pechos, los cuales devoró. Yo, cada vez mas excitada, cerré de nuevo los ojos y comencé a gozar. Sentí como su lengua recorría mi vientre mientras sentía una de sus manos en mis piernas y noté como esta iba subiendo. Abrí los ojos como platos y solté un fuerte alarido al sentir sus dedos penetrándome. Fue una experiencia dolorosa al princípio pero, poco a poco, el dolor se fue transformando en placer. Mi alaridos se fueron transformando en jadeos de placer mientras los dedos de mi amiga penetraban más hondo y jugueteaban dentro de mí. Dí un fuerta alarido de placer y me sentí húmeda. Diana metió rápidamente su cabeza entre mis piernas y sentí su lengua en mi vagina lamiendo mis fluidos. Después sacó sus dedos y los sutituyó por su lengua. Sentirla dentro me produjo un placer mayor y comencé a gemir de placer hasta llegar la climax y ponerla la cara perdida con mis fluidos. Ella se incorporó un poco con la cara y la boca completamente manchadas y comenzó a relamerse gozosa. Después volvió a colocarse sobre mí y volver a besarme. Después metió sus dedos, manchados con mis fluidos, en la boca y yo los chupé. - ¿Te ha gustado? -dijo con voz maliciosa. Yo asentí mientras chupaba sus dedos. - Pués esto es solo el principio... Me incorporó e hizo que me abriera mucho de piernas. Ella también se abrió, juntó su clítorix con el mío y comenzó a flotarlo mientras las dos nos acariciábamos y lamiamos sin dejar un solo centímetro de nuestros cuerpos sin tocar. Mientras lo hacíamos, mi cuerpo iba calentándose cada vez más y, al terminar, tube el mayor orgasmo de mi vida. Fue tan fuerte que caí desvanecida. Desperté lentamente poco después. No sabía muy bien lo que había pasado pero, al sentir a Diana desnuda abrazada a mí lo recordé todo. Ella estaba despierta y, al ver que me había despertado, me besó tiernamente en la megilla mientras me acariciaba. - No te preocupes, pequeña, me he quedado despierta para protegerte -dijo como si nada hubiera pasado. Yo, al contrario, estaba flipando. Más tarde, las dos hablamos más tranquilas de lo sucedido. Yo le dije que no era lesbiana y ella, tras reir un poco, me dijo que ella tampoco, pero que había tenido algunas con algunas chicas del instituto, pero que jamás pensó que yo me ofrecería. La verdad es que, aquella noche me dejé llevar por las circustancias. Sin embargo, el placer que sentí con ella fue el mayor que había sentido en mi vida; no había sentido nada igual ni siquiera cuando perdí la virginidad con mi primo. Los días siguientes a penas hablamos de los sucedido. Ella me dijo que comprendía que yo me sintiera incomoda, puesto que ella se había aprobechado de un momento en el que estaba frágil. Sin embargo, el recuerdo de lo sucedido no me abandonaba y no tardé en desear volver a hacerlo con ella. Un día se lo comenté y a ella le encantó. Me llevó a su casa y nos encerramos en su cuarto con la escusa de estudiar para un examen. fue la primera de una larga serie de encuentros que me hicieron apreciar de una forma bien distinta a mi mejor amiga.


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