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  fantasia > EpicaCrónica de una nueva era sin Fantasy.

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se publicó en la web el 22 de Octubre del 2008

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  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Crónicas de una nueva Era sin Fantasy. Se escucha a lo lejos una voz gritando nombres. Y detrás, acompañando a la voz que grita, se sienten unos cantos gregorianos. Los cantos se pierden primero, luego la voz. - ¿Fantasy, eres tú? El polvo levanta olor a pintura, a cemento y a madera podrida. Los cristales pueden cortar si no se anda con cuidado; buscas, entonces esperas. Donde estarán, a dónde se ha ido la gente: ¿y ella?, ¿estará por ahí? No sabes, te detienes en el contén de la acera a ver si pasa alguien. Debes preguntar. Frente a la acera está la ciudad. Toda una imagen de documental bélico y tu edificio ahora parece un muro, unas luces lo atraviesan ¿o sombras? No, no puedes confundir los términos. La vida es un mapa conceptual que nos dirige y nos mueve. Frialdad en las avenidas, poesía de lágrimas que no hacen el momento; sí, la mañana está aullando y a lo lejos los cantos y la voz que grita nombres te hacen levantar. Ayer era de noche y la oscuridad hacía chocar los cuerpos. Ayer fue una noche demorada y entonces la gente prefirió correr. Los aviones lanzaron luces de fuego y la gente acabó odiando la luz. - sombra, ves, no es luz, es sombra. Peste a cadáver. A soledad hueca y sin melancolía. Dónde está la gente que no me acompaña, pero que me hace sentir mejor. - Hola. Buenos días podría contestar el eco; sí, a lo mejor son las ganas las que te hacen creer, el deseo, la necesidad. El camino se abre, te paras a anudarte los zapatos. Por ellos te caíste ayer que era de noche: él corre que nos morimos. Te quitas entonces un vidrio que se ha pegado a tu pantalón, como una luciérnaga, de cristal verde y transparente: - Buenos días. Hola podría responder el eco; pero solo el sonido de nombres llega hasta los oídos. Se esparcen en el viento, te hacen buscar el origen. Los nombres repiten la historia de ese olor a cadáver que sentiste hace unos minutos, allá en la plaza donde está el edificio que parece un muro. Cuarto oscuro. Sólo se ve una botella coloreada con pastillas: Tú tomas un trago, yo tomo un trago, y luego abrimos la puerta, y nos tambaleábamos en cada escalón. Nos volvimos a besar, como antes de los tragos, y me dijiste "yo no soy de nadie y soy de cualquiera". Insistí y volviste a negar tu nombre. "Eso no es importante ahora, debo conocerte primero y luego escoger uno que te guste". Así me dijo cuando se acercó a mi banco y me preguntó la hora. Y habló del tiempo y del fin de esta Era. Qué día podría ser. Llevamos muchos años esperando el caos. Habló del temor al derrumbe y no dijo su nombre. Se hizo de noche y entonces compramos una botella; luego fuimos a sobornar a alguien en una farmacia. La calle nos pareció un tiovivo que giraba en torno nuestro. Unos policías nos detuvieron, y se esfuman en mi mente, nos pidieron identificación y se esfuman, y luego vino una celda. Ella dijo que no tenía nombre y yo dije lo mismo. Nos registraron una vez más y nos dejaron encerrados, todo estaba en mi casa: ahora mi casa es un muro. Y la noche que llega parece la cara del caos, que nos priva de sombras y luz. Se apagaron las luces, las calles, todo era una caverna gritona. A través de la ventana de la celda vi las sirenas, eran las únicas que destilaban colores, como en un carnaval miserable. Ella dormía y caminé despacio para no despertarla. Fui hasta la reja grande, empujé y estaba abierta. Todo parecía una película moteada por el tiempo. Dañada por el moho. Borrosa. La desperté y ella apenas hizo por moverse. La arrastré afuera como a un perro moribundo y nos sentamos en el contén frente al edificio que todavía no era un muro: - Fantasy, me llamaré Fantasy. Entonces llegaron los aviones y pelotas de fuego golpearon la ciudad. Corrimos por ayuda. La gente como escapando fueron a encontrarse en el mismo destino; unos contra otros sin hallarse, sin ponerse de acuerdo. Tropezamos y Fantasy cayó al piso y los pasos me alejaron de ella. Los zapatos sobre mi cabeza, los golpes sobre el cuerpo que poco a poco se desvaneció y la perdí en la multitud. En la mayoría. Estoy más cerca. Me acerco a una iglesia donde se esconde la humanidad cuando no queda más nada. Nombres (cantos gregorianos), nombres de mujer se pierden y ninguno es el que busco; pero si la voz: - Fantasy, ¿eres tú? Ella no me mira, se mueve como si flotara, entra a la iglesia. - Fantasy, ¿eres tú? La puerta nos deja entrar y los cuerpos son como rodillas mirando al cielo. El sacerdote reza y con la mano en alto ordena silencio: - Fantasy, ayer era de noche. - Tengo que seguir a la mayoría, y ya no soy Fantasy. Salgo y me siento a respirar el polvo, una paz negra y profunda; de pronto, aparecen los aviones como pájaros verdes vestidos de camuflaje. Corro sin Fantasy, sólo mi edificio que es un muro está a salvo. Los cantos gregorianos no se escuchan. Ya no son la banda sonora de esta realidad. Cómo será verla más empañada. ¿Estaré más feliz? La iglesia es sonido seco de pelotas iluminadas, humo que se levanta. Fantasy debe oler a madera podrida. Estoy solo en mi muro y los aviones se pierden. Sin Fantasy; con el caos a la espalda, sí, todo eso que conversamos ya comienza; el derrumbe: La nueva era.


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