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  eroticos > LesbianasCómo conocí a Rocío (I)

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se publicó en la web el 02 de Junio del 2008

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  Categoría: eroticos > Lesbianas
  Titulo:

A Rocío la había conocido en el gimnasio. Ella era bajita, de pelo liso negro y largo. Era delgada pero, aún así, tenía unos pechos enormes. Yo era lesbiana, pero no le había dicho nunca nada, pues no sabía cómo reaccionaría. Un día me invitó a pasar el fin de semana en su apartamento de la playa y acepté encantada. No imaginaba lo que sería estar a solas con ella, en una situación mucho más íntima que en el gimnasio. Llegó el día y nos pusimos en marcha. Al llegar, vi que el lugar era precioso, pues tenía junto al apartamento una calita tranquila, alejada de la multitud. En cuanto llegamos ella me dijo que nos marchábamos enseguida a la playa, así que corrí al baño y me puse mi bikini. Cuando salí vi que ella ya estaba lista, con un vestido corto celeste. Yo estaba excitadísima pues me moría de ganas de ver su escultural cuerpo, pero nunca imaginé lo que vendría a continuación. En cuanto llegamos, extendimos las toallas sobre la arena y nos sentamos. Yo me quité el vestido y me quedé en bañador pero cuando ella se quitó su vestido, comprobé que no llevaba nada debajo. Estaba completamente desnuda ante mí y parecía no sentir la más mínima vergüenza. Yo estaba cortadísima y no podía dejar de mirar sus enromes pechos. Eran mucho mayores de lo que yo había imaginado. Perfectamente redondos y de pezones grandes y duros. Su vagina estaba totalmente afeitada y su culo era redondo y prieto. Yo no me había dado cuenta, pero estaba empezando a ponerme muy húmeda. Ella, sin más, me sonrió y se tumbó boca arriba. Sus enormes pechos cayeron un poco hacia los lados. Yo estaba que me moría de ganas por tocarme, pues estaba al borde del orgasmo sólo con admirar su cuerpo. Estaba muy nerviosa, pero lo peor fue cuando me dijo que le pusiera un poco de aceite, pues ella tenía las manos manchadas de arena. Yo no me atrevía siquiera a decir una palabra. Por un lado me moría de ganas por acariciar su cuerpo, pero temía llegar al orgasmo delante de ella si la tocaba. Cogí el bote de aceite y eché un poco sobre mi mano. Tímidamente la acerqué a su estómago y comencé a extenderlo. Rocío me pidió que le pusiera por el pecho. Yo estaba completamente mojada cuando mis manos tocaron sus senos. En ese momento no pude aguantar más y comencé a acariciarlos con dulzura. Podía notar perfectamente sus durísimos y enormes pezones en la palma de mi mano. Entonces me di cuenta de que mi flujo había traspasado el bikini y estaba comenzando a mojar la toalla de lo excitada que estaba. Estaba a punto de correrme; no podía aguantar más. Rocío me dijo que le pusiera un poco por las piernas también. Eché un poco mas de aceite y lo extendí sobre sus musculosas piernas. Sin poder resistirme, poco a poco fui acercando mi mano hacia su vagina, pero no me atreví a tocarla. Estaba tan mojada que tenía que hacer verdaderos esfuerzos por no gemir de placer delante de ella. Mi toalla estaba completamente empapada de mi propio flujo y yo trataba de que Rocío no lo viera. Al poco tiempo, ella se levantó y me invitó a seguirla hacia la orilla. Me cogió de la mano y caminamos juntas por la arena mientras charlábamos. Sus pechos eran tan duros que sus pezones miraban hacia arriba, completamente rígidos. Caminamos cogidas de la mano durante un buen rato, disimulando siempre mi parte inferior del bikini completamente mojada, hasta que finalmente nos volvimos al apartamento. Al entrar por la puerta sólo pensaba en masturbarme en el baño, pues estaba tan excitada que podría correrme en cuanto me introdujera un dedo en mi vagina. Sin embargo Rocío no me dejó. Al entrar, cerró la puerta y me dijo que le ayudara con unos estiramientos que estaba practicando. Tenía una sonrisa en la cara, pero yo no sabía lo que significaba. Ella se tumbó en la cama y volvió a quitarse la ropa. Mi vagina estaba a punto de explotar de la excitación y yo tenía que morder mi labio inferior para tratar de controlar mis deseos. Entonces Rocío colocó las manos en sus muslos y comenzó a abrir las piernas hacia los lados. Nunca había visto en persona tantísima flexibilidad, pues Rocío tenía sus piernas completamente abiertas. Sus muslos estaban totalmente tensos y había colocado sus pies en forma de cuña, como las bailarinas de ballet. Me dijo que me acercara y le ayudara a abrirlas un poco mas, empujándole en los muslos, pero ya no pude resistirme. En cuanto me acerqué y vi su vagina completamente abierta por la postura, mi propio flujo comenzó a caerme por las piernas. Estaba tan excitada que ya no podía soportarlo más. Necesitaba culminar mi orgasmo. Entonces, en cuanto coloqué mis manos sobre sus musculosos muslos, sin pensar, agaché mi cabeza y, a la vez que empujaba hacia abajo sus piernas para abrirlas aún más, comencé a lamer su vagina con mi lengua. Rocío comenzó a gemir, presa del dolor del dificilísimo estiramiento, pero también al borde del orgasmo. Solté sus piernas y me tumbé sobre ella. Acaricié su clítoris con mi mano y comprobé que estaba tan mojada como yo. Ella también acarició el mío y, en cuanto introdujo sus dedos en mí, estallé de placer al llegar por fin al orgasmo. Ella no tardó mucho más en correrse y las dos nos quedamos allí, abrazadas sobre la cama. No me cansaba de acariciar su cuerpo, sus enormes pechos, sus piernas... Fue un fin de semana increíble, pues desde ese día comenzamos a salir juntas. Ella también era lesbiana y, desde que nos vimos en el gimnasio, siempre había querido algo conmigo, pero no estaba segura de si a mí me gustaban las chicas. Ahora ya lo sabe :-)


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