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  terror > Asesinos en serieColegio

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se publicó en la web el 12 de Febrero del 2007

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  Categoría: terror > Asesinos en serie
  Titulo:

COLEGIO -Es horrible, estoy en plena noche, en una inmensa pradera, al poco tiempo me doy cuenta de que está detrás de mí, ese monstruo que sólo quiere arruinarme la vida, entonces corro y corro hasta que creo que lo dejo atrás, pero no puedo. Me alcanza, me coge por la espalda, me giro y le veo, qué horrible, ese terrible monstruo soy yo. Le contó, Raúl, al psicólogo de la escuela. -¿Se repite mucho este sueño? -Continuamente, a veces me despierto sin recordar nada, helado de frío y envuelto en sudor. Nunca sueño nada bueno. El psicólogo, un hombre mayor, cercano a su jubilación, siempre parecía no escuchar. Por sus oídos han pasado relatos y relatos de muchísimos jóvenes sin ganas de luchar, dañados en sus almas. Pero él siempre les escuchaba, claro que escuchaba. Tenía este hombre un exquisito y refinado gusto para la decoración, fue él quien se aseguró de que a pesar de estar dentro del colegio el alumno se sintiese abstraído y se sintiese con fuerzas para hablarle sinceramente, sin la intimidación que causa en los estudiantes el hecho de estar donde están. -¿Qué me dices de tu padre? Sus preguntas siempre estaban sumamente estudiadas y siempre las formulaba en el momento adecuado, siempre sabía que decir, sin duda es a quien más hecho de menos. Quizá fuese el que más se parecía a mí. -¿Mi padre? ¿Mister perfecto? ¿El señor “yo nunca hice una estupidez así”? -Sí. Este es un punto muy importante al que quería que llegásemos, ya que... En ese momento sonó la sirena, luego se paró y sonó dos veces más, señal que todos los profesores entendían como de alarma. El psicólogo lo lamentó. La dedicación que le había dado a este chico, Raúl, le costó incluso su propia salud, cuantas noches se pasó en vela pensando la forma adecuada de sacar este tema, su padre, y ahora cuando meses de trabajo daban sus frutos, la alarma, el problema, se imponía y Raúl no volvería a tener la posibilidad de ayuda que tanto necesitaba. Realmente le extrañó. -Será mejor que vayamos al patio- Le dijo el psicólogo, no sin dolor. En el patio, con caras extrañadas, llegaban alumnos y profesores de todos los cursos. Los niños pequeños con los profesores de párvulos, uno de ellos con el doble de niños que los demás, del gimnasio los chicos de educación física y, especialmente, en cabeza, directivos y de jefatura de estudios. Una vez todos en el patio, los profesores y los alumnos cada uno por su lado, salió la directora y comenzó a hablar. -Por favor atenderme todos, llevamos ya tres horas buscando a un alumno de párvulos que ha desaparecido –se escucharon murmullos por los cuatro costados,- a pesar de lo atípico de la situación os pido a todos colaboración para buscarlo, tiene cinco años y una camisa azul.... Creo recordar que dijo unas cuantas palabras más, pero no son de importancia, lo que realmente importa es que fue éste el momento en el que comienza todo, aunque fue un par de horas antes, cuando desapareció el chaval, que se llamaba Jorge, cuando terminó la normalidad, la coherencia y la humanidad de un puñado de personas que no eran ni más ni menos que eso, personas. Por cierto, disculpen mis modales, no me he presentado, me llamo colegio privado San Augusto y sí, soy un edificio, pero aunque no lo crean los edificios podemos sentir y nuestras paredes absorben el dolor y el sufrimiento, y el que mis paredes han absorbido es tal, que me veo obligado a contar lo que en mí aconteció, por primera y última vez. Lamento si esta historia causa dolor a quien la oiga, pero son muchos los que antes me causaron dolor durante mucho tiempo, no sólo en lo acontecido en mi relato sino en cada insulto, cada odio o en cada uno de los chicos que se han escondido en mis servicios a llorar y llorar, las lágrimas dejaron de brotar pero aún recorren mis paredes. Puede no ser excusa ni pretexto, quizá quieran pensar que soy egoísta, que mi único impulso es quitarme este peso que quema mis cimientos, y quizá estén en lo cierto pero de ser así es posible que sea más humano de lo que yo pensaba. Será mejor que comencemos. 1º: LA COMIDA Nadie supo lo que del pobre Jorge había sido, la negligencia del profesor fue tal, que tardó dos horas en darse cuenta de su desaparición, aunque al chaval sólo le bastó una. Lo primero que voy a contar es lo que sucedió justo antes de que el profesor se diese cuenta de que el niño había desaparecido, quizás, aparentemente, no tenga mucho que ver, pero créanme cuando les digo que en cierta forma todo tiene que ver con todo. En mí la jornada es intensiva, algo que si tuviese huesos haría que me doliesen hasta la saciedad, por lo que algunos profesores se quedan a comer en mí, pero no comen lo mismo que los chavales. No existe maldad en esta acción, o quizá no de forma clara, los alumnos comen una serie de alimentos considerados adecuados para el sano desarrollo y crecimiento de los jóvenes, pero los profesores, cansados de alimentos sanos, concebidos para un crecimiento saludable, decidieron y con la ventaja de ser yo privado, el tener un menú distinto a los alumnos, sin implicar esto un coste mayor o al menos excesivo. Tomemos la conversación en el comedor que está al lado del de los niños, el de los profesores. Es un salón normal y corriente, sin lujos ni zarandajas, ideado de forma que siendo idéntico al del alumnado, esté separado de éste. Todos con los platos encima de la mesa pero aún no comienzan a comer, charlan y charlan de las estupideces banales típicas de todo ser humano, pero prueban la comida y callan. “Dios”, “Buenísimo”, “Qué placer” y otras frases hechas que elogiaban el plato, una simple sopa de pollo. No sobró nada, los platos limpios, como si nunca hubiesen tenido nada encima, pero lo tuvieron, claro que lo tuvieron. Una hora trascurrió antes de la fortuita entrada del conserje, gritando , o mejor dicho, chapurreando palabras que juntas no tenían sentido, pero se diferenciaban muy claramente desaparición y niño. Si el profesor se hubiese dado cuenta de lo sucedido, sólo en la mitad de tiempo... Entonces fue cuando el conserje dio la alarma y la directora salió al patio. 2º: EL HORROR Extraña cosa el hecho de que la gente sienta por simpatía el dolor físico que tiene otra persona, pero sin embargo el psíquico, el que se relaciona con los sentimientos, desaparece fácilmente. Uno tras otro entraban en el comedor y se servían más de esa deliciosa sopa, ese extraño plato que no sabía a sobras precalentadas, sino a un sabor suave, nuevo y diferente. La olla poco a poco fue vaciándose hasta que una de las profesoras, que iba a por el tercer plato del día, lo vio. Pero retomemos la historia a una hora después de la desaparición, el niño jugaba en la cocina, miró dentro de la olla y después decidió irse. Pero antes vio unos cubiertos en lo alto de la mesa, colores brillantes, quizá le atrajo la forma, el color, quizá tenía hambre y relacionó cubiertos con comida, es algo lógico, sea como fuese subió, de una extraña y no trascendental forma, y cogió un cuchillo, nunca antes este niño había cogido este instrumento de cocina, por lo que desconocía la forma correcta de utilizarlo, no sabía por donde cogerlo e inevitablemente se corto en la palma de la mano, el dolor, un sentimiento conocido pero nunca antes tan intenso y acompañado de tanta sangre le asustó, tembló y gracias a una inconsciente reacción cayó en la olla. De un pequeño saliente del desgastado fondo de ésta, se enganchó su camisa azul, de un azul como el mar cuando refleja la magnífica bóveda terrestre que forma el cielo, un precioso cielo que nunca más volvería a ver, pues se ahogó, se ahogó y acabó siendo parte de ese estupendo plato, sopa de niño. La profesora se escandalizó, gritó, lloró, incluso pataleó pero no consiguió olvidar el estupendo y sabroso sabor del niño. Continuó una conversación que comenzó tan horrible... -Pero estaba tan sabroso. ... Que prefiero dejarlo y no hablar de ello. Lo único que diré es que se llegó a un trato y así se hizo. Se le dijo a todos que apareció el crío y a su vez se intento mentir a sus padres, pero de alguna forma, pues no es tan fácil convencerles de la desaparición de su hijo, se dieron cuenta del engaño, amenazaron con la denuncia, esto traería la investigación, se descubrirían los hechos, probablemente nadie, salvo el profesor responsable de la desaparición, podría ser acusado de lo acontecido, pero saldrían por todos los medios, serían señalados por la calle, la gente no olvidaría y probablemente los alumnos cambiarían de colegio y esto supondría perdidas, menos dinero, que era uno de los principales motivos de preocupación para los implicados, así pues los padres del niño terminaron con la cabeza abierta y la boca cerrada. Pero ¿qué hacer con los cuerpos? ¿Dónde guardarlos para no ser descubiertos? De extraña forma los dos padres y su hijo sirvieron de comida a los profesores durante una semana, pero ¿qué pasará cuando se termine esa deliciosa carne? 3º: RAUL Raúl, curioso chico, diferente a todos los demás, es más que un chico, avergüenza reconocerlo pero por donde pasa me causa dolor, dolor sin sentido, un extraño dolor que produce el odio, la vergüenza y el sentimiento que sólo una persona, para la que su vida ha sido un suplicio, puede sentir. Raúl siente cosas que no entiende, creo que en muchos aspectos se parece a mí, a un edificio, un sitio, un sitio capaz de absorber el dolor. Pobre condenado. Raúl pasó cerca de la cocina, a los chicos les siguieron sirviendo la misma comida de costumbre, basada en sobras precalentadas, mientras los profesores degustaban los mas variopintos y horribles platos que pueda concebir mente humana, quizá sea la inexperiencia del uso de la carne o quizá el simple hecho de lo que hacían, pero la verdad es que se volvieron locos, realmente locos, miraban a cada niño con salsa, con guarnición e incluso se preguntaban como sabrían crudos. Raúl sentía esas miradas de los profesores, pero no sabía nada, claro. Yo soy capaz de ver ciertas cosas en las personas, cosas por las que agradezco a los cielos no ser humano, pues no lo aguantaría. Por ejemplo en 2º de la ESO en el grupo B está una chica que se llama Natalia Herráez que siempre va por los pasillos con aires prepotentes, sintiéndose dominante y poderosa, pero todas, absolutamente todas las noches su padre la obliga a practicarle lo que él llama “relajarle”, acto que le produce continuas pesadillas y que hará que nunca pueda sentir placer con ningún chico, morirá joven, drogadicta y sola. En 4º de la ESO en el grupo A está Ramón Jiménez, es callado y no llama la atención, claro después de ver como mataron a su padre y violaron a su madre, ésta murió poco después, seguirá callado hasta que dentro de un par de años se corte las venas, lo más curioso es que se quedará viendo como fluye la sangre hasta que ya no pueda ver, ni lo necesite. En mí, chicos con problemas similares los tengo a cientos. A veces rezo con los niños que piden al cielo que explote, pero no pasa nada, Dios no está para escuchar, si alguna vez escuchó supongo que habrán sido tantos gritos de dolor que habrá quedado sordo. Raúl sabía de alguna forma como iba a acabar todo, de alguna forma. 4º: EL PRINCIPIO DEL FIN Lo que pasó a continuación era de esperar, tenía que suceder y sucedió, la carne del niño y de sus padres se terminó, lo que les obligó a regresar a esa dieta basada en precocinados, asquerosos precocinados y quién quiere precocinados habiendo probado el manjar más sabroso del mundo, porque aunque la carne de los padres era sabrosa, muy sabrosa, la del niño simplemente no tenía comparación, el sabor suave y dulzón que te quedaba en la boca cuando dejabas limpios los huesos. Es bien sabido para el ser humano como la carne recién nacida tiene un sabor especial, diferente, quizá por estar alimentado por la leche materna, quizá porque las células no son meras copias de las originales que formaban el organismo. ¿Para qué comer cabra cuando puedes comer cordero?, ¿Y si es lechal? mejor que mejor, ¿vaca o ternera? y ¿cerdo o lechón? Y por supuesto para qué comer adultos cuando puedes comer un niño. Fue en el comedor, lugar donde se realizó el acto más vil que un ser que dedicó su vida a la enseñanza, pueda haber realizado nunca. En la gran mesa, a puerta cerrada se discutía un tema de gran trascendencia. -¿Esto qué es? –exclamó uno de los profesores cuando en su plato encontró un filete de pollo con patatas fritas, manjar en otro tiempo, ahora no deja de ser un alimento vulgar que no se podía comparar con el sabor de un niño. -¿Es que no hay más... –parece que por un instante el sentido de la decencia daba sus últimos coletazos- ...carne? Ahora es la directora la que habla. -Todos sabíamos que la carne acabaría terminándose, tarde o temprano. -Pero es que esto es una mierda. –Acabó concluyendo el profesor que realizó la fatídica pregunta, un profesor que cientos de veces regañó a sus alumnos por pronunciar palabras mal sonantes, claro que ahora sus alumnos eran vistos como un rebaño, y nunca mejor dicho. En un momento de excitación, en el que ya no sabría distinguir entre la razón y la acción, este profesor se levantó y tiró el plato al suelo. La directora intentó calmar la situación. -Ya está bien, ¿qué somos, animales? –dijo. -Ojalá –contesto otra profesora que no fue en ningún momento capaz de levantar la mirada del plato. Esta expresión superó a todos los presentes, un silencio incomodo se apoderó de la habitación, nadie se atrevía a contradecir las palabras, a pesar de que muchos pensaban “tú te crees mejor que yo, pero comiste su carne con las mismas ganas” pero conforme lo pensaban creían que le darían mayor razón. Solo alguien se atrevió romper el hielo. -Podríamos... Pero la profesora, que ha decidido hacer las veces de conciencia, un poco tarde para algunos, decide interrumpir. -¿Qué dices? –le interpone no sin miedo tanto en su semblante como en su alma. -Nada, no he dicho nada. Otro terrible silencio, parecía en ese momento que la cordura no esperaba tras las puertas de ese comedor, que un soplo de esperanza recorrería mis pasillos y todo volvería a la rutina de costumbre, pero el alma del ser humano es frágil, demasiado frágil. -¿Y por qué no? Ya lo hicimos otra vez –exclamo de entre todos el verdugo de los padres del chico, del único que se podría decir que literalmente tiene las manos manchadas de sangre, que no le convierte en peor persona, pues sus afines lo que tienen manchados de sangre son sus dientes. -Pero eran dos adultos, ¿acaso te atreverías con un niño? –interpuso otro. -Si es de mi clase –dijo el tercero en discordia,- lo hago yo mismo. Las carcajadas surgían de las cajas torácicas de los profesores con tal fuerza que no sabría decir si se reían o rujían como bestias, es bien sabido que la banalización es un recurso muy humano y útil, pero esto no era humor negro, esto, simplemente no tenía nombre. Sólo una persona, conservando algo de juicio, exclamó. -Dios. Quizá, buscaba redención, puede ser que ya supiese que estaba condenada, la cosa es que ni se levantó, ni se fue de la sala, ni puso objeción ninguna sobre la mesa. Y así los profesores decidieron tomar otro niño para comérselo, idea esta concebida claramente por inhumanos, pues ya hace tiempo perdieron la humanidad, creo que en el momento en que relacionaron las palabras sabroso y niño. El único que aguanto un poco más fue el profesor Rodríguez Santos que al saber que comió carne de niño dejó la profesión, lo que le ahorró los suplicios venideros, pero al enterarse de los sucesos que acontecieron en mí y que narraré a continuación, no vaciló en subir los cinco pisos, mirar abajo, exclamar un sentido “lo siento” y dejarse caer, fue un segundo larguísimo pero la recompensa era tan grande. Parece mentira como sumido en un estado tan grande de locura un individuo puede ser tan frío y calculador como para estudiar todas las fichas de los alumnos hasta encontrar al candidato con más posibilidades de que nadie le echase en falta, ya tenían preparadas las cuartadas para la policía, para los alumnos y para los padres en caso de que se preocuparan y se las creerían, después continuarían con los siguientes. También habría que deshacerse de las personas que no conocían el horror, el profesor que perdió al niño estaba suspendido de empleo y sueldo hasta nuevo aviso y muchos no comían en mí, porque las tardes no les eran laborales, como por ejemplo el psicólogo, mi viejo amigo. El plan estaba desarrollado, ya sólo quedaba un punto, ¿cómo conseguir que el alumno se quedase en mí cuando estuviese cerrado?, por cierto no he dicho el nombre del alumno, Raúl. 5º: JUGANDO POR LOS PASILLOS Una clase en el que sería mi último día lectivo para siempre. Un profesor enseñando la última clase que se enseñaría en mí. Un profesor que había perdido lo que le hacía humano. Alumnos ajenos a la masacre caníbal que yo sufría. Raúl, sentado al final de su última clase, del día. Un alumno, Raúl, que de alguna manera sabía el juego macabro que iba a comenzar en cuestión de segundos. -¿Quién podría contestar a esto?... por ejemplo... Raúl. Como toda la hora el profesor le preguntó a Raúl todo aquello que sabía que no podría contestar. -Profe, no lo sé –contestó Raúl- ¿por qué no le pregunta a otro? Esa fue la respuesta que estaba esperando el profesor. -¿Contestando de mala forma? Ve inmediatamente al despacho de la directora. Raúl se levantó, dejó la mochila y se fue al despacho del director, supongo que no tenía noción del tiempo en ese momento y no se percató de cómo todos sus compañeros miraron sus relojes o los relojes de los que tenían a un lado, asombrándose, sorprendidos de que sólo quedasen cinco minutos para que terminase la última clase del día, asombrosamente muchos de esos alumnos, que no sospechaban nada que tuviese que ver ni remotamente con el horror, se les erizaba el pelo cuando ahora les miraba el profesor. Raúl entró en el despacho de la directora, se sentó y acto seguido sonó la sirena, Raúl giró la cabeza, pero su directora sin ni siquiera aparentar haber oído la sirena, se quedó inmutable en su despacho, pero no sólo eso sino que realmente parecía que no se había enterado de que Raúl estaba quieto delante de ella, con las manos cruzadas sobre el escritorio y la mirada fija en éstas, no movía un solo músculo. Raúl, sin comprender realmente la situación, y con gran temor se fue a levantar, quizá sólo quería salir corriendo. -Quieto ahí, aún no he acabado contigo. –y permaneció callada. Raúl sintió un estrépito por su cuerpo, no sabía que estaba pasando, pero sin duda iba más allá de una reprimenda, un castigo o cualquier situación que pueda suceder en un colegio normal. Para Raúl ya comenzaba a esclarecerse el final de la historia. Una hora completa pasó sin que una sola palabra fuese intercambiada, es más, la directora ni siquiera modificó su expresión, parecía absorta en una especie de trance, de meditación profunda de la que aparentemente no podía salir, después se levantó, se dirigió a la puerta y sin mirarle le dijo a Raúl que se quedase ahí, después salió. La directora no previó que Raúl pudiese acercarse a la puerta para oír a través de ella, su tensión era tal que no le movía la curiosidad, lo único que quería era escapar. Lo que oyó fue: -¿Os habéis librado de sus padres? Bien, ¿quién lo hace? –se escuchó a muchos negar y a otros preguntar la forma de hacerlo- pues con un cuchillo, con un ladrillo o estrangulándolo. Raúl no necesitó oír más, la conclusión era clara, buscó la forma de huir, miró por la ventana, pensó incluso en salir gritando por la puerta, después se dio cuenta del tremendo error que cometería y cuando la desesperación comenzaba a abrazarlo, se percató de mis conductos de ventilación, así lo hizo, que cosquillas me producía su huida de la muerte. Los profesores al entrar en el despacho y descubrirlo vacío le persiguieron por mis conductos, por los pasillos y por las clases. En un momento de descuido Raúl consigue despistarlos y llegar a la planta baja, al oír a los profesores corriendo se refugió entre unas columnas improvisadas de folios, allí escondido rezó, rezó a Dios, a la Virgen, a Jesús y a cualquiera que pudiese oírlo, pero debían estar dormidos. Mientras tanto los profesores no cesaban en su empeño, buscaron por las clases y por los pasillos, también miraron los folios pero la curiosa colocación de estos permitió que al mirar creyeran haber visto todo el perímetro que cubrían descuidando así a Raúl y quien crea que este fue un regalo divino no podría estar más alejado de la verdad, pues este hecho no evitaba lo que ya era inevitable. La profesora que gozaba de conciencia, se encontraba allí, esta conciencia no ayudó a Raúl, ni siquiera intentó que se pararan sus semejantes, sólo le sirvió para esconderse ella también y pedir perdón al cielo. Y así no hizo nada más. 6º: EL FIN DEL FIN Toda la noche la pasó escondido. Cuando amaneció decidió salir corriendo, la puerta no estaba lejos, pero los profesores no pudieron dormir, con el único pensamiento en sus cabezas de lo que supondría que el chico se escapase, sus ojos permanecieron avizores en todo momento, así cuando Raúl salió de su escondrijo fueron muy rápidos en su acometida. El pobre desgraciado alcanzó la puerta y giró el pomo, pero como ya advertí , la suerte no le acompañaría, y de esa forma la puerta no se abrió. Puede que los profesores estuviesen locos, que fuesen inhumanos, pero no eran tontos, y por lo tanto la puerta estaba cerrada con llave. Le cogieron en mi entradita, le agarraron con fuerza y uno de ellos, no quiero decir quien fue, cogió un macetero decorativo muy, muy pesado y lo alzó sobre la cabeza del desdichado, recuerdo con gran tristeza como cerro los ojos con fuerza como si pensara que el golpe dolería menos y le abrieron la cabeza, noté como en ese momento su alma salía de su cuerpo, un alivio para él, un dolor intenso pero leve. Creo que los profesores lo sabían, sabían que estaba muerto, pero quizá porque le culparon de querer vivir o ya por el mismo estado en el que se encontraban, no fue una excusa para dejar de golpearlo mientras de su garganta surgía una especie de grito rugido que denotaba su estado, creí que su mandíbula se desencajaría del gesto que había tomado, enseguida me llené de sangre y de fluidos intercraneales, por las paredes y en el techo fluían lentamente y me quemaban, quisiera haber podido apartar la mirada, pero no podía, era mi condena, inevitablemente tenía que presenciarlo y así se mezclaron sus fluidos con mis lágrimas que resbalaban por mis paredes, las luces reventaron estrepitosamente, más tarde la versión oficial sería que la sangre produjo un cortocircuito. Pronto pararía al ver el estado del chico, por primera vez y por última grité, grité con tanta fuerza que se oyó lejos, muy lejos, pero mis gritos sólo fueron los coros de los gritos de los profesores, de la profesora escondida en el aula, que aún seguía rezando y pidiendo perdón y de los cientos de chicos y los profesores ajenos al terror que en ese momento entraron en mí para comenzar el día de clase que nunca se realizó. Lo demás es simple, los caníbales se echaron a llorar, lo confesaron todo y se pasaron el resto de sus días en la cárcel, los demás necesitaron horas de terapia para borrar lo que la imagen descrita les causó y así poder pisar, con el tiempo, otro colegio. Raúl fue enterrado y afortunadamente sólo alimentó a los gusanos, todo un alivio para sus padres. Lo que es de mí, me cerraron las puertas y hoy siguen cerradas, los únicos que asisten a las clases son insectos y ratas, pero por lo menos ellos son más civilizados. EPILOGO Ya han pasado muchísimos años desde todo aquello, el último niño que entró en mí con cuatro años ya lleva muchos años muerto de viejo, ya sólo soy un triste recuerdo olvidado por todos y los únicos que piensan en mí son los que quieren pasar un buen rato asustándose por los aullidos que resuenan por las noches en mis pasillos, aún no sé si los lamentos son de Raúl, del niño o míos.


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