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  ficcion > FuturistasCaza en el desierto (part.1ª)

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se publicó en la web el 16 de Enero del 2006

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  Categoría: ficcion > Futuristas
  Titulo:

I. El Sol caía con fuerza sobre la yerma tierra. Ninguna fuente de agua en kilómetros y kilómetros a la redonda. El cazador seguía firme su camino, deshidratado y febril. Sus botas curtidas de piel estaban más desgastadas que las rocas que pisaba. El enorme abrigo de cuero, que llevaba puesto pese al calor para protegerse de las mortales brisas de arenisca. El pelo, rubio y desgreñado, le caía sobre sus ojos azules. Atada a la cintura llevaba su fiel katana, que a tantas vidas había dado punto y final. Sus dos revólveres reposaban en sus culatas, listos para la acción. A su espalda colgaba la bolsa de viaje y las cantimploras, más secas que el ambiente que las rodeaba. Pero un cazador no tenía derecho a detenerse por tan insignificante clima adverso. Un cazador no necesitaba descansar, y él era el mejor. Sus cansados ojos distinguieron a lo lejos la borrosa y casi invisible silueta de un edificio; si se trataba de una alucinación, desde luego merecía la pena comprobarlo. Paró unos instantes para comprobar la dirección del viento. Bien, hoy iba hacia el oeste, no tendría que preocuparse por ninguna tormenta importante. Sacando una inagotable energía de sus músculos fatigados, echó a correr hacia el edificio. II. Se detuvo ante una puerta de madera carcomida. El edificio resultó ser algo poco más grande que una caseta de mantenimiento, pero si contenía alguna provisión en su interior, lo mismo daba el tamaño. La puerta estaba cerrada con llave, y no pretendía gastar munición tontamente, por lo que se cargó la cerradura de una patada. De dentro salió una gran polvareda, y un olor a viejo y cosas gastadas casi insoportable. Entró dentro y, bendita fue su suerte, encontró un pozo y una bomba de agua. Casi sin pararse a mirar nada más, y con la misma velocidad con la que desenvolvía los revólveres en las peleas, destapó las cantimploras y procedió a llenarlas. Una vez llenas éstas y él saciado, estudió el resto de elementos de la caseta, tampoco demasiado numerosos. La bomba y el pozo estaban a la derecha de la puerta, mientras que a la izquierda había una polvorienta mesa de algo que en otro tiempo tal vez hubiese sido madera. Al fondo había una estantería con volúmenes en distintas fases de deterioro. Se acercó y cogió un libro titulado “Registros de Actividad del Distrito Federal de FrontPoint.” Lo abrió y encontró en el interior una extensa lista de ventas, compras, entradas y salidas de la ciudad, facturas de las viviendas, etc. Y junto a todo ello, un disquete de 3 ½”. La última anotación del libro correspondía a la entrada de un hombre llamado Sr. Cloud. Bien, el cazador acababa de obtener una muy buena información para su caza de este mes. Esta caseta, pensaba él, debía de ser un puesto de control de la ciudad. Pero, ¿por qué llevaba tanto tiempo abandonada? ¿Y dónde se supone que debiera haber estado el sistema informático? Ahora ya tenía una buena pista sobre la que seguir el rastro, la ciudad no debía hallarse muy lejos. Tras haber pegado un último sorbo de agua, marchó hacia la ciudad. III. La decimonovena luna del planeta Gallio-XIII, Dúnitar, se caracterizaba por su clima desértico y su contraste de temperaturas. Estaba casi desabitada, excepto unos cuantos fuertes que la U.S.S.(Unión de Sistemas Solares) mantenía en pie. FrontPoint era uno de ellos, pero desde hacía algunos meses habían dejado de recibir señales de su actividad. Se cree que una secta protestantista, los Hijos del Sol, tenía algo que ver en el asunto, y uno de sus supuestos miembros, Cloud Diggar, empresario retirado de Industric Cosmos, había entrado en la ciudad en su último registro. Las numerosas tormentas de arena y el contraste de temperatura hacían que en Dúnitar las cosas se deteriorasen en días como si hubiesen pasado años, de aquí el estado de los registros de la base de control, que debieran haber estado protegidos por un campo magnético. Él, Knives, había sido destinado aquí con el fin de aclarar el asunto, y eso iba a hacer. Su nave se había estropeado en uno de los páramos y tenía que seguir a pie, pero daba igual. Una vez en FrontPoint podría comunicarse con Boss para que lo sacasen de ese desierto. Echó a andar hacia el oeste, camino de las altas piedras, donde podría resguardarse un poco del calor y el viento. Con un poco de suerte en dos días llegaría al Fuerte.


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