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  fantasia > RolCapitulo 1

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se publicó en la web el 23 de Junio del 2008

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  Categoría: fantasia > Rol
  Titulo:

Capítulo 1: Visitando a viejos amigos Apartó hacia un lado los matorrales y siguió caminando con aire ausente a través de la espesura del bosque. Era un chico humano. De la cintura le colgaba una espada curva, como una especie de hoz. Se la había dado su padre adoptivo, el difunto rey de Miltania, Arkántor el Bueno. No sabía quien la había fabricado. En la empuñadura llevaba unas grabaciones con unos símbolos, pero no sabia lo que significaban. La empuñadura era de oro macizo, muy bien trabajado. En el cuello llevaba un medallón, no sabia de quien era ni quien se lo había dado, solo sabia que ya lo llevaba cuando Arkántor lo encontró rodeado de huargos entre las ruinas de una ciudad arrasada por los orcos. En el medallón había inscritas las figuras de lo que parecían ser un dragón luchando contra un ave fénix, pero no se distinguía muy bien debió a la antigüedad del colgante y lo desgastado que estaba. Seroko siguió caminando. Era un chico de 14 años, algo bajito para su edad. El pelo, un poco enmarañado, le caía sobre los ojos y a veces hasta le impedía ver. Arsi insistía en que se lo cortara, pero el se negaba una y otra vez. Los ojos, azules, parecían un poco cansados y las ojeras asomaban bajo las pestañas. Las manos eran robustas y fuertes, impropias de un niño de su edad. Se notaba que había estado trabajando duro. Las tenia agrietadas y con varios cortes. Vestía con una camisa de lino marrón en perfecto estado y bastante limpia. Debajo de la camisa llevaba un cinturón, de donde colgaba su espada. Los pantalones no le llegaban a los tobillos y eran de lana fina. En los pies llevaba unos zapatos bastante cómodos, aunque uno de ellos estaba roto por delante y en vez de parecer un zapato parecía una boca. La cabaña de Arsi ya se divisaba al fondo. Le había citado horas antes cuando se encontraron en la plaza de la ciudad. Tenia que enseñarle algo, aunque no le había dicho que era, Seroko imaginaba que viniendo de Arsi podría ser cualquier cosa. Aparto otros matorrales y llego al claro donde se situaba la cabaña. Ya cerca del porche divisó el arco de Arsi al lado de 3 conejos muertos, uno de ellos aún con una flecha clavada en el costado. Detrás de los conejos había un baúl. Seroko sabía que Arsi lo utilizaba para guardar las flechas, aunque ahora el fajo de flechas estaba sobre el baúl, no dentro de el. Ya delante de la puerta tocó dos veces con los nudillos. - ¡Ya voy! Espera un momento…- Se escuchó decir a Arsi desde dentro. Mientras esperaba, Seroko cogió el arco que había al lado de los conejos, y lo examinó. Era de un material pétreo, podría ser mármol pero no se atrevía a asegurarlo. Las puntas por donde pasaba la cuerda eran de oro con diamantes incrustados y tenia unos extraños dibujos grabados en el oro. Lo examino más de cerca y vio que también había grabados en el mármol. Parecía letras élficas pero Arsi no tenía familia elfa… El sonido de la puerta abriéndose a sus espaldas lo sobresaltó. El arco se le resbaló de las manos y dio varias vueltas en el aire, hasta que Seroko lo volvió a coger. - ¿Cuántas veces te he dicho que no toques mi arco? - Eh… esto…- Tartamudeó – Cambiando de tema, ¿Qué querías enseñarme? - Nunca cambiaras. Arsi sonrió le revolvió el pelo con una mano. - Entra y te lo enseñaré. Arsi iba a darse la vuelta cuando se fijo en la espada que llevaba Seroko, su hermanastro: - ¿Vas a cazar mariposas? Seroko lo miró con perplejidad. Arsi le señalo el arma que llevaba colgada de la cintura. - Muy gracioso, pero esto podría salvarte la vida. - O quitármela, si el que la utiliza tiene tantas dotes de espadachín como tú… - Soy mejor que tu…y lo sabes. - Tendrás que demostrármelo. - Te lo demostrare… pero ahora no, quiero ver lo que has encontrado. Entraron los dos en la cabaña. No era la primera vez que Seroko entraba en la cabaña. Según tenía entendido, la cabaña era regalo del difunto padre de Arsi. Se la regalo cuando los tiempos de guerras y hambrunas pasaron, ya que la cabaña era utilizada como almacén de comida y armas… Pero de ese antiguo almacén solo quedaban las paredes doblemente reforzadas, por lo que la casa era más pequeña por dentro de lo que aparentaba serla por fuera. Arsi había echo de esa cabaña un lugar donde relajarse, su refugio personal, donde nadie le podía molestar si el no lo deseaba. Seroko observo la casa rápidamente antes de entrar: Al fondo el fuego chisporroteaba en la chimenea de piedra, recientemente construida; a la derecha de la chimenea había unos cuantos troncos amontonados, y sobre ellos, una yesca y un pedernal; a la izquierda estaba la cocina. Había algunos utensilios llenos de polvo y abandonados en las estanterías. Encima de la encimera descansaban un montón de platos sucios apilados; a la derecha se podía observar un sillón de madera forrado con piel de trasgo disecada, fabricado por el propio Arsi. En una de las pieles de trasgo aun se podía observar un agujero de flecha. Sobre el sofá, en la pared, estaban colgadas las cabezas de tres trasgos, a modo de trofeo de caza. Encima de las cabezas de los trasgos, y casi rozando el techo, había una horrenda cabeza de huargo, lobos que utilizaban los orcos a modo de caballo. Esto ultimo no era suyo, sino de su padre, el capitán Arkántor. Arkántor había obsequiado a su hijo con ese regalo en su décimo quinto cumpleaños, semanas antes de su desafortunada muerte. - ¿Qué era eso tan importante que tenias que enseñarme? - Lo he encontrado mientras cazaba, es un objeto muy extraño. Señalo hacia una pequeña mesa redonda que se le había pasado por alto a Seroko. Sobre la mesita descansaba un objeto cubierto con una manta. - Quita la manta…con cuidado. Seroko se aproximo hacia la mesa, agarró la mata por dos extremos y la retiro, dejando al descubierto el objeto que tapaba. ___________ Ya pondre más adelante el segundo capitulo.


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