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  humor > ChistesCáncova 2ª parte

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se publicó en la web el 28 de Octubre del 2008

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  Categoría: humor > Chistes
  Titulo:

Al día siguiente, un martes cualquiera, dentro de un otoño rojizo y abrumado, lo vi de nuevo. Esta vez tenía que aprovechar el momento, debía de inventarme algo para acércame a él. Ya no me importaba que me rechazara, ni siquiera sé si él se había fijado en mí, sobretodo en mi blusa azul celeste y mi falda favorita, rosa, con volantes del mismo color de la blusa. La excusa perfecta, me acerqué a su lugar y me apalanqué en el asiento delante de él. Pensé que él nunca me había visto en el tren, tenía la excusa de que acababa de montarme y no encontraba asiento libre, menos aquel asiento apalancado, casualmente delante de sus ojos tristes y melancólicos. - ¿Está ocupado? - las palabras me salían a golpe, los nervios se apoderaban de mí. - No.- dijo con voz de queda. No lo dudé, me senté y sin apenas mirarle la cara, ¡Dios mío!, ¿qué habría pensado de mí? - Hace un día muy bueno hoy - dije con voz demasiado confiada. La voz me había salido muy te- conozco- de- toda- la- vida, ahora mismo pensaría de que yo era una chula, ¡Dios, mío, qué vergüenza! - Sí, apenas se nota el otoño - me habló resonando en mi cabeza su voz. Me había enamorado a la primera vez, algo muy impropio de mí. ¿Os habéis enamorado? sin duda sí, no creo que no. Aunque cuando conocí a este chico, me dí cuenta de lo que realmente era el amor. Hasta tiempo atrás lo tenía claro, buscaba un actor de novela, bello por ambos lados, físicamente y de personalidad. Lo que buscan todas y todos, envidiaba a todas las personas del mundo que se enamoraba sin importarle el físico, sin importar si éramos más anchos o delgados, más altos o bajos, morenos o rubios, fuese cual fuese su cara, ojos castaños u otro color... No conocí a esas personas personalmente, pero si existían realmente eran ángeles. Por un lado, mi influencia con la sociedad, la imagen y series de televisión, me había convertido en algo que ni yo misma quería ser. No obstante, tampoco era lo demasiado valiente para fijarme en una persona sin importarme el físico, odiaba a todas las personas que se fijaban en la apariencias y nunca me podía escapar de ellas, se puede decir que me odiaba a mí misma. “No existen mayor inteligencia que el amor, la compasión y la paciencia”, recuerdo esta frase de mi mayor filósofo, Luis Cáncova. Así es el chico del tren: era moreno, ojos castaños, delgado y una estatura intermedia; era de rostro triste, aunque a mí me sonreía constantemente; era tímido, aunque a mí me hablaba lo suficiente, era... No podría describirlo tan pronto, será mejor que vosotros mismos lo conozcáis.


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