Estimado Don Quijote de la Mancha
Le escribimos desde el poblado de San Nicolás de los Arroyos, en Argentina, para solicitar su ayuda en el intento de resolver un conflicto. Somos gente que sólo quiere libertad y justicia.
Desde hace algo más de un año venimos siendo atormentados por un cruel gigante. Dicho monstruo frecuenta la zona llamada Plaza de los Inmigrantes; es allí donde se originan ruidos atronadores producidos por violentos chorros de agua que él despide. Ha conseguido ahuyentar a todas las aves y aunque se busque muy bien, sólo se encontrará canarios y loros que la gente tiene enjaulados. El siniestro personaje ataca golpeando a todo ser humano (que por ahí transite) con sus monstruosos brazos de cemento con incrustaciones de canto rodado.
El Ejército Argentino en su totalidad, ha luchado con la despreciable mole y sólo a conseguido bajas en su pelotón, sin herirla siquiera.
Por todo esto, ¡urgentemente!, le solicitamos venga a combatir para intentar vencer al gigante. Si consiguiera la victoria que tanto deseamos, nuestro pueblo quedará totalmente agradecido y deberá tributo al más heroico caballero que puede haber existido en el universo: Don Quijote de la Mancha.
Ante el problema presente, como recurso oportuno, decidimos llamarlo; conociendo bien sus obras no nos quedó duda –que si vivo y en formidable aspecto se encontrara– no dudaría un momento en socorrer a estos pobres maltratados.
Contamos con su presencia, la cual al concretarse cambiará nuestra incertidumbre convirtiéndola en festejos anticipados por la muerte del atroz personaje.
Sin otro particular nos despedimos con distinguida consideración.