criticas (886)
    Criticas de Cine (145)
    Deportivas (37)
    Duras (222)
    Generales (252)
    Juegos (27)
    Literatura (50)
    Musica (76)
    TV y Famosos (77)
   eroticos (3048)
    Anales (115)
    Desvirgaciones (403)
    Dominación (116)
    Fantasías Eroticas (210)
    Gays (497)
    Hetero (787)
    Lesbianas (161)
    Lluvia dorada (28)
    Orgías (164)
    Otros (332)
    Sadomaso (35)
    Transexuales (57)
    Voyerismo (67)
    Zoofilia (76)
   fantasia (2148)
    Epica (233)
    Fantasia General (543)
    Poesia (424)
    Rol (182)
    Romantica (766)
   ficcion (1044)
    Ciencia Ficción (192)
    Futuristas (102)
    Narrativa Libre (660)
    Ovnis (27)
    Snuff (67)
   humor (1088)
    Asi soy yo.... (60)
    Bromas (28)
    Chistes (398)
    Citas y Frases (42)
    Fabulas (45)
    Hechos Reales (186)
    Parodias (197)
    Piropos (67)
    Sexuales (65)
   terror (2722)
    Asesinos en serie (160)
    Espiritismo (124)
    Hechos reales (724)
    Pesadillas (256)
    Teorias (69)
    Terror General (790)
    vampiros (599)
 
 Top 5
    Suicidio Concertado
    Como escapados de un ..
    Solo se ...que me sie..
    Las cosas que nunca t..
    De repente oscuridad
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  terror > Terror GeneralAtravesando el espejo

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 14 de Abril del 2010

Desde entonces este relato ha sido leido 3,878 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 80 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: terror > Terror General
  Titulo:

  - Dicen que si invocas su nombre en un espejo tres veces, su fantasma se te aparece. Los que lo han intentado han muerto en extrañas circunstancias, dicen que es Verónica que viene a buscar a los que la invocan para llevárselos al infierno.
Susana era una de esas personas a las que les encantaba el oscurantismo y vestía de negro, usando pintalabios morados y sombra de ojos oscura. Ella misma parecía una zombi con sus ojos rojos de tanto fumar marihuana y su extremo maquillaje de chica gótica con docenas de piercings en las orejas y una bolita negra saliendo de su labio inferior. Era divertido escuchar sus historias de miedo y siempre le gustaba presumir de practicar magia negra con algunas amigas, que no debían ser menos pintorescas que ella. 
Juan estaba escuchando su relato de "La Verónica" con escepticismo. Era un chico estudioso que no creía nada que no se pudiera demostrar. Para él los fantasmas no existían y por tanto la historia que había contado Susana al grupo le pareció una estupidez para paletos. 
- ¿Cómo sabes que es cierto? - dijo, despectivo.
- Los que lo han hecho han muerto en extrañas circunstancias…
- Pero si eso es cierto, ¿cómo sabrías que han invocado a Verónica? ¿Acaso todos los que mueren en su cuarto de baño en extrañas circunstancias la han invocado a ella?
- La gente que lo hace, suele intentar demostrar que es mentira y por tanto, no lo hacen solos. Hay testigos, conozco una amiga que vio morir a alguien al intentar invocarla. De hecho otra amiga que estaba allí está recibiendo tratamiento psiquiátrico porque no puede soportar estar sola.
- Venga ya… - la atajó Juan.
- Si no te lo crees, ¿por qué no la invocas tú? - le retó a Juan Carolina, otra compañera de clase.
- Pues porque no tengo ningún interés es hacer gilipolleces delante de un espejo - explicó Juan.
- ¿Cuánto te juegas a que si la invocas aparece? - le retó Susana, ofendida.
- Cincuenta euros. Me vas a pagar la juerga de este fin de semana, guapa.
- Hecho - dijo Susana, extendiendo su mano pálida con su mirada de loca de siempre -. Estoy harta de escuchar versiones de terceros. Quiero ver a Verónica con mis propios ojos.
Habitualmente tenía una mirada un tanto extraña con sus ojos saltones, su piel pálida y su maquillaje extremo que resaltaba sus grandes ojos negros. Al decir eso, sus ojos parecían tan ávidos que ninguno de los presentes entendió ese entusiasmo por un tema tan escalofriante. Parecía estar buscándose la muerte.
- Estás chalada tía - replicó Juan -, no vamos a ver a ese fantasma ni a ningún otro. Los fantasmas no existen. Lo que no entiendo es por qué no la has invocado tú ya.
- Porque no quiero ir al infierno - replicó ella -. Vamos a los baños, lo haremos ahora mismo, tenemos tiempo hasta que empiecen las clases.
Todo el grupo de amigos les siguió por el pasillo del instituto. Entraron en el baño de los chicos y se aseguraron que no hubiera nadie más. Luego entraron todos y se situaron detrás de Juan y Susana, que se colocaron frente al espejo.
- A ver ese dinero - dijo Juan.
- Aquí está, será tuyo cuando invoques su nombre tres veces y no se aparezca.
- ¿Cómo decías que se llamaba? - preguntó Juan al ver el billete blanco y morado sobre el lavabo.
- Ya lo sabes - replicó Susana, no pienso pronunciarlo aquí.
- Estaba seguro, eres una cagada. A ver, ¿qué digo?
- Dilo tú - se exasperó Susana.
- Está bien… 
Juan miró al espejo, sonriente y, seguro de que se sacaría cincuenta euros con esa tontería, y pronunció con voz teatral y grave.
- Verónica, Verónica, Verónica.
Los ojos de Susana se posaron en el espejo y buscó alguna evidencia de que la llamada había tenido éxito. Buscó entre toda la gente reflejada en el espejo a alguien con aspecto de fantasma, pero la única que parecía muerta era ella misma. Juan la miraba con una sonrisa prepotente poniendo su mano a modo de cazo para que le entregara el billete.
- Te lo dije, estúpida. Los fantasmas no existen.
Poco a poco la ilusión de la chica gótica se fue convirtiendo en decepción y finalmente tuvo que entregarle el billete a Juan.
- ¿Estás seguro de que no ves nada raro? - le preguntó esperanzada.
- Claro que veo algo raro. Te veo a ti.
- Ja, ja, gracioso - dijo ella, ofendida.
Los demás rieron la gracia de Juan y poco a poco fueron saliendo del baño comentando algunas que habían pasado mucho miedo y otras que nunca creerían esas tonterías. Susana no dejó de mirar el espejo ni un segundo hasta que se quedó sola en el baño con Juan. 
- Vamos, zumbada - le dijo Juan desde la puerta -. Este es el baño de los chicos.
- Estaba segura de que vendría - dijo ella -. Nunca viene nada más llamarla. Ten cuidado y no te quedes solo, te puede estar acechando...
- Anda, lárgate de aquí chiflada - se rió Juan, empujándola del cuarto de baño -. Tengo cosas que hacer aquí solo y sin tu ayuda.
Cuando Susana salió del baño Juan se miró en el espejo para verse. Le gustaba mirarse y confirmar que no tenía el pelo revuelto. Además de hacerse el listillo era presumido, aunque no le gustaba demostrarlo ante los demás. Cuando se pasó la mano por el flequillo vio que en la esquina inferior derecha del espejo había un poco de vaho. Entraba dentro de lo normal, dado que habían entrado más de diez personas en un cubículo de seis metros cuadrados. Lo que le llamó la atención fue que alguien había escrito algo en esa esquina, con un dedo. Era una fecha.
- Qué extraño - se dijo -. A quién se le ocurre escribir la fecha de hoy en el espejo.
Salió del baño y pensó que había sido algún lunático o uno de los que estaban antes en el baño, cuando ellos llegaron. No le dio más importancia y volvió a su clase. Llegaba tarde.
En el camino sacó su cartera del bolsillo y la abrió para guardar el billete que acababa de ganar. Cuando sus dedos agarraron el billete del bolsillo, sintió que le faltaba el aire y trató de pedir ayuda. En su asfixia cayó de rodillas y sintió que estas sufrían un doloroso golpe contra el suelo. Cayó de cara en el piso de piedra del instituto y sintió que se le rompía la nariz. Su pecho seguía sin aire, su corazón dejó de latir y supo al instante que estaba a punto de morir. 
En su terror, no quedaba casi nadie por los pasillos. Solo vio a una chica de pelo oscuro y ojos azules que parecían disfrutar viéndolo caer.
- Por favor... ayuda - consiguió exhalar.
Ella se acercó y le miró fijamente. En lugar de pedir ayuda se agachó junto a él y le cogió de la mano.
- Verónica... - fue su última palabra antes de morir.


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios



Busca relatos



InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio
siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com


¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.