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  terror > EspiritismoAquella tarde de verano

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se publicó en la web el 09 de Agosto del 2006

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  Categoría: terror > Espiritismo
  Titulo:

Aquella tarde de verano de hace unos años estábamos mis amigos, Matt y Hans, y yo sentados en el jardín trasero de mi casa. Hans y yo teníamos veintiún años y Matt tenía diecinueve. Nos aburríamos mucho, así que decidimos hacer algo entretenido. A Hans se le ocurrió que podríamos ir a la casa del viejo Thomas Wells. La gente del pueblo decía que esa casa estaba encantada, pero Hans y yo no lo creíamos. Hans sin embargo era excéntrico y supersticioso y decía que ir sería mala idea. Tras un debate algo largo decidimos ir a casa de Hana, la hermana de Hans, y preguntarle que hacer: lo que ella dijese habíamos quedado que sería lo que haríamos. Resultaba curioso, pero sus nombres eran muy parecidos. Cuando llegamos a su casa Hana estaba viendo la tele. Veía una película rodada en su pueblo, Hardsville. Toda la gente que había participado en la película había muerto, y eso a ella le ponía los pelos de punta. - Hola Hana. Queríamos ir a la casa del viejo Tom y como no nos poníamos de acuerdo decidimos venir a verte. Lo que tú digas se hará, ¿qué te parece? - Pues no sé. Ahora estaba viendo una película sobre espíritus muy inquietante. - ¡Vamos! Sólo será ver el interior un poco –dije yo. - Es que… - Venga. - Bueno, vale. Iré. Esperad a que me ponga algo de abrigo. Empieza a refrescar. - Es cierto –dijo Hans–. Con el calor que hacía hace unos minutos. Voy yo también a por mi abrigo y os traeré uno a cada uno –y dicho esto desapareció en el interior de la casa. Cuando Hans y Hana volvieron y nos dieron los abrigos a Matt y a mí nos encaminamos hacia la casa. El cielo estaba un poco gris y el viento silbaba entre los árboles. Cuando paramos ante la casa un escalofrío me recorrió la espalda. Algo me decía que debíamos volver y hacer caso a Matt, pero aún así seguí. El interior de la casa no tenía mucho mejor aspecto que el exterior. Las cortinas estaban desgarradas, los armarios caídos, las sillas astilladas, las paredes manchadas, a las camas les sobresalían los muelles y los sofás tenían el relleno de espuma sacado y esparcido. Bueno, no todo. Había una puerta que se mantenía blanca y sin romper. Cuando fueron a abrirla descubrieron que estaba cerrada con llave. La empujaron y la puerta cedió. Entraron a una habitación a la que los años no la habían afectado. Había una cama que bien podía haber sido de exposición. Me acerqué y me senté en ella, pero me levanté sobresaltado al notar que estaba caliente. Se lo comuniqué a los otros, que la tocaron y extrañamente cuando ellos la tocaron estaba fría. Había también allí una ventana que no estaba rota, una lámpara de araña, un armario con libros y un reloj. Además había una foto en el que aparecía el viejo Thomas, solo que en la foto no era viejo. Tenía el pelo algo largo, la nariz puntiaguda, un lunar en la barbilla y unos ojos grandes y penetrantes. Matt se sintió irresistiblemente atraído por la foto. Lo cogió y se lo llevó cuando nos fuimos. La colgó en su casa. Un día Matt estaba sólo en casa y yo fui a verle. Hana se vino conmigo, pero Hans no pudo. Tuvo suerte de no venir. Cuando llegamos, la puerta estaba abierta. Entramos y nos sorprendimos al ver todo por los suelos. Nos acercamos a la puerta de su habitación y oímos un débil gemido. Cuando entramos dentro vimos a Matt en medio de un charco de sangre. Tenía la foto de Tom bajo el brazo. Cuando le preguntamos que qué había ocurrido nos señaló la foto y dijo “Thomas” muy bajo. Luego escupió sangre por la boca y se quedó mirando el techo, vivo pero inconsciente de lo que ocurría. Llamé a la ambulancia, pero para cuando llegaron los médicos ya estaba muerto. Hans llegó más tarde y se llevó la foto. Un día, cuando estábamos Hana y yo en la habitación vimos pasar a alguien por el pasillo. Hans estaba en el baño, por lo que él no podía ser. Nos asomamos al pasillo y vimos abrirse la puerta del baño y salir a Hans, y entonces una persona salió de una habitación y le empujó por las escaleras y después corrió tras Hans y salió por la puerta. Hana y yo bajamos rápidamente y llamamos a urgencias. Por suerte Hans sólo tenía tres costillas y la tibia de la pierna derecha rotas. Tras unos días en el hospital pudo volver escayolado a casa y con muletas. Una semana más tarde estábamos comiendo unas pizzas en el salón cuando Hans dijo que se iba a por más queso. Cuando estaba en la cocina oí un ruido. Fui corriendo a la cocina y encontré a un hombre joven inclinado sobre Hans con un puñal en la mano. Hans sangraba sobre el suelo de la cocina a borbotones. El hombre me atacó, pero yo lo lancé contra una pared. Soltó el cuchillo y corrió hacia la puerta. Cuando iba a salir le agarré por la camisa. Él se volvió para deshacerse de mí. Cuando volvió la cabeza vi horrorizado el rostro del asesino. Tenía el pelo algo largo, nariz puntiaguda, un lunar en la barbilla y unos ojos penetrantes y grandes. Retrocedí ante Thomas sin darme cuenta de que lo había soltado y ahora escaparía. Luego abrió la puerta y salió a la calle. - Ese era el viejo Tom que aparecía en la foto, ¿verdad? –preguntó perpleja Hana desde la puerta del salón. - No puede ser –por desgracia yo sabía que sí que podía ser, pues lo acababa de ver. - Tiene que ver con la foto, seguro. Estará hechizada o algo así –Hana parecía muy tranquila para lo que ocurría. - Hana, ¿no te das cuenta que nuestro amigo y tú hermano han muerto? - Sí, pero el otro día vi algo sobre como acabar con maldiciones. Lo creí una tontería, pero parece que es real. - ¿Qué debemos hacer? - Enterrar la foto en el cementerio. Fuimos al cementerio y cogimos de la oficina del enterrador una pala y un pico. Había también una azada. Hana fue a cavar un hoyo para meter dentro la foto. Cuando ya había cavado bastante llegó una persona. Cuando ella se dio la vuelta pensando que era yo se cayó casi del susto. El que venía no era yo, sino Thomas con la azada. Antes de que hiciese nada Tom la golpeó fuertemente con la azada en la cara. Tom se iba a ir cuando yo llegué con el pico y se lo clavé en la cabeza. Cuando saqué el pico se cerró la herida de su cabeza y siguió avanzando hacia mí con la azada en la mano. Cogí el pico y le iba a golpear otra vez cuando tropecé con el hoyo que había hecho Hana y caí, yendo a clavar el pico en la foto. De repente se comenzó a “quemar”, convirtiéndose en ceniza. La foto comenzó a envejecer y poco después se convirtió en ceniza al igual que el Thomas que estaba ante mí. Tras eso sólo quedamos allí la azada, el pico, la pala, un marco vacío y roto lleno de ceniza, el cuerpo muerto de Hana y yo, que estaba inconsciente. Cuando la policía llegó me detuvo y me juzgaron (después de que les contase mi “absurda” historia) y me declararon culpable de la muerte de mis tres amigos. Ahora ya no vivo en Hardsville, pero el mes que viene tengo un viaje de negocios y pasaré por allí. Pero no se me ocurrirá ir a la casa del viejo Tom. Aunque no sé, quizá…


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