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  fantasia > RomanticaAlgún día amor... Algún día

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se publicó en la web el 21 de Agosto del 2008

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  Categoría: fantasia > Romantica
  Titulo:

Algún día amor... Algún día Hace mucho tiempo vivían en un pueblo alejado de La India una familia de comerciantes compuesta por el padre, la madre y dos hermosas hijas adolescentes. La vida transcurría placidamente para esta pequeña familia de comerciantes cuando poco antes de la mayoría de edad, su hija mayor, conoció a un muchacho recién llegado al pueblo. El flechazo, demás está decirlo, fue rápido, indoloro e instantáneo. Casi tarde por medio la feliz pareja de enamorados, se encontraba a la sombra de un gran árbol de la plaza central, donde pasaban horas tomados de las manos, y mirándose fijamente a los ojos. Ella estaba embelezada con el sonido de su respiración. El se perdía en sus grandes ojos negros y se sumergía en el más sublime de los amores. Era una pareja sin igual. El amor y la devoción que se tenían excedía los límites de la comprensión humana. Tomados siempre de las manos o tiernamente abrazados, una tarde de invierno el, le juró amor para siempre. Ella solo lo miró fijamente a los ojos y no dijo nada. Y es que sus expresivas miradas, decían sin palabras, todo lo que el corazón de su enamorado quería escuchar. La promesa de estos jóvenes amantes, quedó sellada, con un solo beso de amor verdadero. Pasaron los días, las semanas y los meses, y el padre preocupado por las largas salidas de su hija y la falta de atención en las tareas rutinarias que ponen los corazones enamorados, decidió tomar cartas en el asunto. -Hija: Creo que ha llegado el momento de que me cuentes el motivo de tus frecuentes salidas. Ella, asustada por la posible reacción de su padre, nunca se animó a confesarle el amor que sentía nacer en su corazón. El padre convencido de que aquello debiera ser solo un capricho adolescente, decidió cortar por lo sano. -Niña! Aún eres joven para andar en amores. Además…¿Quién es ese Don Nadie, que pretende llevarse el corazón de mi primogénita?--- Dime de donde ha salido, a que se dedica, ¿Que te puede dar él bajo la sombra de un árbol callejero, que no te pueda dar tu amante padre en la comodidad de este hogar que he construido para ti y nuestra familia? Ella apretó fuerte sus puños, y con esos ojos que todo lo decían, no pudo decir nada… -Desde mañana no lo verás más!!!. Mi hija merece algo mejor que ese ser que solo te puede dar el reparo de un viejo árbol. Aunque el enojo del Padre parecía muy grande, en realidad el creía que estaba haciéndole un bien a su pequeña. Tarde a tarde, el padre veía como los llamativos ojos de su hija se iban apagando en la mas profunda oscuridad. En realidad el buen hombre solo deseaba lo mejor para su familia, pero sus prejuicios no le dejaban ver mas allá de sus narices. De vez en cuando, la niña, encontraba cualquier excusa para pasar cerca del Molino del Pueblo, donde su joven enamorado trabajaba en un taller de reparación de todo tipo de objetos. Algunas veces el amor y la pasión, pudieron más que el temor al padre, y los enamorados se volvieron a cruzar. -¿Como estás? -Bien, solo vine al poblado en busca de provisiones para mi familia. -Adiós -Adiós amor, algún día…. (algún día… pensaba él para sus adentros) Y sus caminos volvían a separarse… El seguía con sus quehaceres, Ella simplemente se iba apagando por dentro. Pasaban los meses Un día el padre preocupado ya por la salud de su pequeña, la tomó en un amoroso abrazo y pregunto: -¿Qué ocurre hija? ¿Qué es lo que tanto mal te hace? ¿Qué le ocurre a tu mirada que cada día se apaga un poco más? Los ojos de la niña, ya no sabían expresar nada más, y rompió en llanto. -¿Es que no puedes comprender que ESE no es un hombre para ti? -¿Es que ya no confías en tu padre, que has decido entregarte al amor de un desconocido? -Pero padre! Replicó la pequeña … Es que yo… -Tu nada! Tu no puedes ser feliz con él y punto. Esta semana venderemos nuestras propiedades y te llevaré lejos, muy lejos, donde podamos comenzar una nueva vida, y olvides para siempre este capricho. El orgullo paterno, le impedía ver al padre que con cada negación no hacia mas que romper un trozo mas del alma de su amada hija. Tiempo mas tarde, la familia completa se traslado a una lejana ciudad. El tiempo y las ocupaciones hicieron que pronto papá, se olvidé del motivo de su huida a la gran urbe. Pero cada noche, en el profundo silencio de su habitación la niña que ya casi era una mujer, siguió suspirando por una lejana estrella. Sus ojos ya no tenían mas lagrimas, su mirada se transformó en un reflejo opaco de lo que había sido. Su almohada fue el único testigo de las amargas noches en vela soñando despierta por el amor perdido. Mas allá, a miles de kilómetros de distancia, su amado, volvía cada noche al viejo árbol a rezarle a Dios la mas amarga de las plegarias para que un día le devolviese a su amada. Pasaron años. Muchos años… La hermana menor, se casó. Formó una hermosa familia con un rico comerciante de telas como lo quería papá, y muy pronto partieron hacia América. La madre de la niña, luego de una corta enfermedad al tiempo murió. Finalmente solo quedaron en casa papá y su primogénita. Las preocupaciones y el trajín de la vida diaria, envejecieron prematuramente al hombre que acabó enfermo y dependiendo casi plenamente de los cuidados y atenciones que solo podía brindarle su amada hija. Fue una mañana de Otoño, cuando ya presintiendo el final de sus días, el hombre desde su lecho de enfermo, llamó a su hija. -Querida (le dijo con voz casi temblorosa y emocionada a la vez): Anoche en un sueño te vi abrazada a aquel muchacho del pueblo, ¿Lo recuerdas? Y en mi sueño los ojos de mi pequeña, volvieron a brillar como antes, y a decir mil cosas sin palabra alguna. En mi sueño, hija, eras feliz. Hija: dentro de poco debo partir. Pero mi estúpido orgullo y mi egoísmo me impidieron ver durante toda una vida, que lo que yo creía que era la felicidad para ti, en realidad, era solo para mi. Han pasado muchos años, y recién anoche, la negra nube de la negación se ha marchado. Recién anoche, he logrado comprender porque se apagó de pronto el brillo de tus ojos. Recién anoche me dí cuenta de que este padre no merece de todos los cuidados y atenciones que tu me brindas en mi lecho de muerte. Hija: He cometido el peor de los errores que un padre puede cometer. He olvidado que la felicidad de nuestros hijos, extrañamente sea la nuestra propia. He aprendido, que tu has esperado pacientemente todos estos años a que tu padre apruebe un amor, que consideraba impropio, sin conocerlo en profundidad. Espero sepás perdonar a este viejo. Esa misma tarde mientras su padre moría en paz, con el perdón de su hija, una caravana de carros del circo ingresaba a la ciudad. Al pasar frente a la casa de luto, uno de los carros perdió una rueda. Como impulsado por un resorte, desde lo alto del carro, un hombre maduro se lanzó al piso para comenzar a reparar el desperfecto. Un segundo mas tarde, una mujer de negro salía de la casa, y al pasar frente al carro, los ojos de una niña veinte añera brillaron en la semipenumbra de la noche que ya caía. En los ojos de aquel que reparaba el carro, le pareció ver al hombre que había esperado toda su amarga existencia. El hombre reparó en los brillantes ojos de la mujer que le recordaron un perdido amor adolescente. Pero siguió reparando la rueda del carro. Calle arriba, la mujer del vestido negro, se perdió llorando en la oscuridad. El hombre, reparó diestramente el carro, y continuo calle abajo, soñando despierto con que algún día viajando por el mundo con la caravana del circo, podría encontrar nuevamente al verdadero y único amor de su vida… Aquel al que un día, bajo el reparo de un viejo árbol, en una plaza de pueblo, le prometió su amor para toda la vida…. Algún día, amor… algún día… Ale Valsicovich


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