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  terror > Asesinos en serieAjusticiando a Maika

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se publicó en la web el 10 de Noviembre del 2008

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  Categoría: terror > Asesinos en serie
  Titulo:

Me acercaba por el pasillo a su habitación, la 321. El silencio era total, apenas se escuchaban mis pasos en la moqueta. La habitación 321 estaba al final del largo pasillo de la 3º planta del hotel. Tenía en el pomo el cartel de "No molestar". A medida que me acercaba se iba oyendo, cada vez con mas claridad, un tenue murmullo, como de dos personas hablando o quizás, la televisión. Me paré frente a la puerta y tras asegurarme de que todo estaba en calma, saqué la pistola y le enrosqué el silenciador, luego saque la tarjeta que había conseguido robarle a una de las camareras de piso una planta mas abajo y la introduje en la cerradura eléctrica de la puerta. Se oyó un leve "clic" al abrirse la cerradura y abrí la puerta muy despacio. La habitación estaba separada de la entrada por un pequeño recibidor donde había un armario empotrado y una mesa. Justo enfrente tenia la puerta que daba al dormitorio y a mi izquierda la puerta del cuarto de baño. Por debajo de la puerta del dormitorio se deslumbraba un poco de luz, muy tenue y ahora pude oír claramente las voces al otro lado. Más que voces parecían gemidos y jadeos con algún otro sonido de fondo, la radio o la tele, supuse. Al otro lado estaba mi objetivo, y al parecer, no estaba sola. Por las fotos que me habían dado, era una mujer joven de treinta años más o menos, rubia y morena de piel. Al parecer, en el pasado había hecho algunos trabajos para la familia, pero el jefe pensaba que estaba detrás de la muerte de su hijo. Tenía que liquidarla, eso era lo único que me importaba en este momento. Agarré el pomo con la izquierda, mientras que en la derecha tenía la pistola apuntando hacia delante. Giré y muy despacio, entorné un poco la puerta. En la cama de matrimonio, revuelta, había dos mujeres semidesnudas de espaldas a mí. Una de ellas, morena, estaba tumbada boca arriba, con las piernas abiertas, mientras que la rubia estaba recostada de lado sobre la otra mientras se besaban y masturbaban mutuamente. Antes de entrar y liquidar el encargo, me quede mirando un rato mientras se me iba poniendo dura por momentos. La habitación era amplia con una gran ventana con las cortinas echadas y los típicos cuadros feos de hotel. Algo me llamó la atención de golpe, había una pistola sobre la mesilla de noche del lado izquierdo de la cama. Eso hizo que saliera de mi fantasía y me concentrara de nuevo en lo que había venido a hacer. Debía actuar rápido, quizás hubiese otra arma en el suelo, fuera de mi vista. Abrí la puerta de golpe y, antes de que chocara contra la pared, le disparé a la rubia en el hombro izquierdo. Cayó hacia delante soltando un suspiro. Su compañera reaccionó con rapidez y, mientras apartaba el peso que tenía encima, se giraba para intentar coger algo que había bajo la cama. Le disparé justo entre las tetas, lo que la hizo caer de espaldas violentamente en la cama, le volví a disparar en el vientre, dos veces. Ahora apenas se movía, salvo por leves espamos, mientras me miraba con cara de sorpresa y miedo. Respiraba con dificultad y un hilo de sangre empezaba a surcarle la comisura de su boca entreabierta. Le quedaban uno o dos minutos como máximo. Me acerqué a la chica rubia, estaba boca abajo sin moverse. Comprobé que aun tenia pulso y le di la vuelta bruscamente. Le di un par de cachetes para que se despertara. Empezó a reaccionar un poco, gimiendo de dolor. Le manoseé sin ninguna delicadeza las tetas y los pezones que aún tenía duros. " Despierta puta, aún no te ha llegado la hora", le dije mientras le daba otra bofetada. Ella se incorporó un poco, sorprendida, tocándose el hombro, que sangraba notablemente. "Ni te muevas", le dije apuntándole a la cabeza. Empecé a sobarme el paquete, poniéndoseme más dura aún de lo que ya estaba, mientras la miraba con una media sonrisa. Ella no se movía, sólo miraba con una expresión de terror. Me bajé la bragueta y me saqué la polla, dura como si fuese de piedra y la agarré del pelo y tiré de ella hacia mí. "Ahora traga", le dije mientras le ponía la pistola en la sien. Ella empezó a chupármela, como si la vida le fuese en ello. Se la metía hasta el fondo, casi me rozaban los huevos con sus labios. Lo hacía bien la cabrona. Miré de reojo a su amiga, para asegurarme. Hacía ya un rato que no la oía moverse. Estaba muerta sin duda, con la boca entre abierta y la mirada perdida en el techo. Un rio de sangre cruzaba sus tetas desnudas, y otro desde el estomago le empapaba el coño, totalmente cubierto de sangre. Saqué de mi bolsillo trasero del pantalón la foto que me habían dado y le di la vuelta, donde había algo escrito. "Así que te llamas Maika, no? Vale, no quiero correrme todavía..." La agarré del pelo y aparté un poco su cabeza. Vi que estaba un poco mareada, y la lancé contra la cama. "Dáte la vuelta". Ella obedeció al instante, pese a que le costaba algún esfuerzo moverse, había perdido bastante sangre. Las sabanas parecían ya de color rojo. La agarré con el brazo por la cintura y la levante un poco, luego le metí un poco el dedo en el coño y note que estaba caliente y mojado, lo cual me llamo un poco la atención. Aquella zorra estaba a punto de morir y estaba cachonda? Mejor que mejor, pensé. Me la agarre y se la metí, de un tirón, por le coño, bien rasuradito. Ella soltó un gemido tenue y se estremeció un poco. Me la estuve follando un minutos escaso hasta que ya notaba que no me quedaba nada para correrme. "Maika mírame", le dije mientras la giraba agarrándola por le hombro. No sabría decir si su cara reflejaba dolor o gusto, quizás ambas cosas. "Bueno guapa, hasta aquí has llegado" y acto seguido le pegue un tiro en plena frente. Ella cayó violentamente encima del cuerpo de su amiga, con los ojos y la boca completamente abierta y los brazos extendidos. Segundos después me corrí encima de las dos, en la boca de Maika y sobre las tetas ensangrentadas de la morena. Oí que alguien llamaba a la puerta y una voz que pareció ser la de la recepcionista, preguntar algo, con cierta timidez en el tono. Quizás hubiese montado mas escándalo de la cuenta, no lo se, pero había merecido la pena. Y tanto. Bueno, el cómo salí de aquel hotel a las 4 de la madrugada y a tiro limpio es otra historia...


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